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title: "Realicó 2027: ¿Sola tiene las cartas para jugar la próxima partida?"
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description: "Tibiamente comienza a asomar en el horizonte el 2027, un año electoral que no solo definirá los cargos nacionales y provinciales, sino también los destinos políticos en el ámbito local. Aunque todavía nadie se atreve a hablar abiertamente de candidaturas, quienes miramos con interés la mesa de la jugada, empezamos a sacar el mazo de cartas de sus cajas para observar cuántos reyes o reinas aparecen en la primera tirada."
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# Realicó 2027: ¿Sola tiene las cartas para jugar la próxima partida?

No está en juego solamente el llamado "poder local". Lo que se aproxima es una encrucijada bastante más compleja, en la que habrá que acoplar piezas para que encastren de la mejor manera posible entre lo micro y lo macro, entre lo local y lo nacional, pasando inevitablemente por la provincia. Nadie tiene la silla asegurada. Los argentinos ya tenemos sobradas muestras de que el escenario nacional puede cambiar radicalmente de un período a otro, aunque los pampeanos no estemos demasiado acostumbrados a semejantes movimientos, con un peronismo que gobierna la provincia sin interrupciones desde el regreso de la democracia.

**Ahora bien, vamos a lo nuestro: Realicó.**

Son otras épocas. La manera de conducir una comunidad ha cambiado estrepitosamente y el avance de las redes sociales fue, probablemente, el cimbronazo más potente con el que la clase política se golpeó de lleno. Una verdadera piña en la nariz que la obligó a reinventarse en apenas unas décadas. Hoy ya no alcanza con administrar, inaugurar, anunciar o recorrer instituciones. Cada decisión, cada ausencia, cada promesa incumplida y cada gesto de gobierno quedan expuestos a una comunidad que tiene en sus manos un micrófono permanente y no necesita intermediarios para expresar su opinión.

Miremos, por ejemplo, al actual intendente de Realicó, Facundo Sola. Un hombre de la política que desde poco más que adolescente ocupó espacios de decisión. Primero como concejal y viceintendente durante la gestión de Alicia Re; luego, tres veces como intendente de Realicó, con administraciones marcadas por un fuerte impulso a la obra pública. Buena parte de la infraestructura que hoy utiliza la población en su vida cotidiana fue ejecutada durante sus anteriores mandatos. Después llegó su paso por la Cámara de Diputados y, en 2023, el regreso al municipio para "evitar que el peronismo perdiera la intendencia".

En aquel momento, para buena parte de los entendidos en los números de la política, Sola era el único dirigente que "medía" lo suficiente como para derrotar a Claudio Gareis. Y le ganó. Pero ¿a qué costo?

El costo fue altísimo. Una cuarta gestión atravesada por un escenario económico nacional absolutamente hostil para la manera de hacer política a la que Sola estaba acostumbrado. Un Gobierno provincial con la canilla prácticamente cerrada y escaso derrame de recursos hacia los pueblos y ciudades del interior. Y, como si eso fuera poco, un fenómeno que modificó para siempre las reglas del juego: las redes sociales, que transformaron la relación entre gobernantes y ciudadanos y dejaron a la gestión expuesta a una evaluación permanente.

Un combo muy complejo para un dirigente acostumbrado a construir buena parte de su capital político sobre la base de la gestión y, fundamentalmente, de la obra pública.

Pero hay otro aspecto en el que Sola parece no haber encontrado la vuelta: la comunicación. El actual intendente no logró acomodarse a los nuevos tiempos ni desarrollar una estrategia eficaz para comunicarse masivamente con la comunidad. No parece contar con un área de comunicación aceitada, capaz de construir una narrativa política, poner en valor los logros de gestión y, llegado el caso, amortiguar los golpes cuando las dificultades, el desgaste o las ojeras del cansancio terminan dejando expuesto al propio gobernante.

Sus redes sociales personales, además, permanecen inactivas. Un verdadero sacrilegio para un político de estos tiempos, donde la construcción de imagen, el vínculo cotidiano con los vecinos y la instalación de un discurso propio tienen en esas plataformas herramientas fundamentales. No se trata simplemente de publicar fotografías o compartir actos oficiales: se trata de construir presencia, cercanía, identidad y, sobre todo, comunicar políticamente.

La sensación es que Sola no consiguió cambiar el chip. Ni desde la gestión ni desde lo personal. No encontró la manera de hacer que el hámster gire en una dirección distinta a la que venía recorriendo durante sus anteriores administraciones. Y eso puede convertirse en un problema serio cuando el contexto exige respuestas diferentes, nuevas formas de conducir y una comunicación mucho más dinámica.

Porque aquella obra pública que durante años funcionó como caballito de batalla, bajo la premisa de que "las obras hablen por sí solas", dejó de tener el mismo efecto. No necesariamente porque haya desaparecido su importancia, sino porque el contexto cambió y las demandas de la sociedad también. Hoy una cuadra de asfalto, una intervención urbana o un anuncio de infraestructura ya no garantizan adhesión ni silencian los cuestionamientos. La gente compara, reclama, recuerda y opina.

Y en ese terreno aparece otro adversario difícil de enfrentar: la nostalgia del pasado. Porque la nostalgia puede ser cruel. Invita inevitablemente a comparar las gestiones anteriores con la actual, aun cuando los contextos económicos y políticos sean absolutamente distintos. Lo que antes se podía hacer hoy quizás no resulte posible, pero esa explicación no siempre alcanza para quien observa su realidad cotidiana y mide los resultados con parámetros mucho más sencillos: lo que había, lo que hay y lo que falta.

En ese escenario, el "capital político" se vuelve un elemento frágil que hay que cuidar como un cristal muy fino en medio de un terremoto.

Y aquí comienza a abrirse el verdadero interrogante de cara a 2027. ¿Hay posibilidades reales de continuidad para el actual oficialismo? ¿Facundo Sola buscará un nuevo mandato o comenzará a construir una salida ordenada de la escena municipal? Y si la decisión fuera no volver a competir, ¿quién podría recoger el legado político y electoral del actual intendente?

¿Existe dentro de su gabinete alguna figura con volumen propio, capacidad de gestión y suficiente conocimiento público como para convertirse en una alternativa competitiva? ¿Hay alguien que pueda representar la continuidad de su modelo de gobierno sin cargar necesariamente con el desgaste de la actual administración? ¿O el peronismo local deberá volver a recurrir a una figura de peso (si es que existe) para evitar que la intendencia cambie de signo político?

Son preguntas que por ahora no tienen respuestas, pero que seguramente empiezan a circular en los despachos, las reuniones partidarias y las conversaciones menos públicas de la política local.

El desafío no será menor. El oficialismo deberá encontrar la manera de recuperar terreno frente a una comunidad cada vez más crítica, con expectativas que no parecen satisfechas y con una relación con la política atravesada por el desencanto. Una sociedad que, en muchos casos, también muestra escaso compromiso con la participación colectiva, pero que conserva intacta su capacidad para juzgar a quienes gobiernan.

Y hay un detalle que no debería pasar inadvertido: una parte de esa comunidad parece llevar la camiseta de Realicó debajo de una campera. Está ahí, pero no siempre se muestra, no siempre participa y no necesariamente acompaña las disputas partidarias. Sin embargo, cuando llega el momento de las urnas, esa misma sociedad puede inclinar la balanza de manera determinante.

Queda poco tiempo para cambiar el rumbo, si es que existe un proyecto de continuidad. Sola deberá decidir si está dispuesto a modificar una manera de gestionar y comunicarse que parece haber quedado anclada en otra época, o si apuesta a que la oposición no consiga reunir cartas suficientemente interesantes para disputar la próxima partida. Y cuando hablamos de oposición no necesariamente debemos mirar hacia afuera del peronismo: también puede estar dentro del propio PJ. Porque en política, a veces, el adversario más complicado no es el que está enfrente, sino el que espera pacientemente su turno en la misma mesa.

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