Notas de Color Por: Martín Hernán Martini 08 de junio de 2020

8 DE JUNIO DE 1982: LA FUERZA AÉREA GOLPEA DURO A LOS BRITÁNICOS

"Hoy homenajeamos a los “Halcones de Malvinas”. Fueron la pesadilla de la Flota. A tan solo seis días del final, aún tenían por escribir otra página gloriosa de nuestra historia”  

Uno de nuestros destinos en Malvinas fue Establecimiento Fitz Roy y Bahía Agradable, al este de la Isla Soledad. En ese lugar, el 8 de junio de 1982 la Fuerza Aérea Argentina asestó un duro golpe a la Fuerza de Tareas británica, cuando pretendía efectuar un desembarco en cercanías de Puerto Argentino. Pasaría ese suceso a la historia como “El día más negro de la Flota”.

Con las referencias brindadas por Alejandro Scomparín, gran amigo malvinero, recorrimos unos 25 km desde Monte Harriet, hasta un cruce donde tomamos un precario camino hacia la izquierda y, ya dentro de propiedad privada, encaramos hacia el pequeño caserío que conforma el establecimiento mencionado, convencidos que -según nos habían asegurado- los kelpers del lugar no nos ocasionarían ningún problema.

Al cabo de un corto trecho, encontramos el cartel de bienvenida al lugar, tal cual nos habían indicado, y a pocos centenares de metros debíamos pasar al lado de dos casas que se encontrarían a la derecha del camino, para luego cruzar una tranquera, y seguir finalmente la huella que llega a la bahía donde se encuentran los memoriales.


Tuvimos en ese momento un momento de zozobra total, ya que al llegar al caserío nos encontramos con más construcciones que las esperadas, que nos desorientaron por completo. Varias sendas se bifurcaban frente a nosotros, sin saber cuál tomar. Elegimos una al azar que daba a una tranquera, y al cruzarla nos encontramos no con la huella que buscábamos hacia la bahía (la que podíamos observar a unos 500 o 600 metros adelante) sino dentro de un corral de ovejas sin salida…

Frente a ese panorama, y ante la eventualidad que algún kelper pudiera vernos desde las cercanas casas, dimos rápidamente la vuelta en “U” y con la rapidez de un rayo, abrí y cerré la tanquera nuevamente, mientras la 4x4 al mando de mi hermano salía “a fondo” del pequeño potrero… para luego zambullirme “de cabeza” dentro del vehículo. Finalmente y no sé cómo, dimos con la huella que esta vez sí, era la que llegaba hasta la costa.


Una vez allí, el paisaje que tuve frente al mar me resultó familiar. Las imágenes vistas una y otra vez de nuestros aviones de combate lanzándose sobre los buques británicos se me vinieron a la mente con absoluta claridad, pero… ¿qué pasó realmente ese día?

Luego de tomar Darwin y Pradera del Ganso, los británicos avanzaban inexorablemente hacia Puerto Argentino. Para los primeros días de junio, en las montañas cercanas a las líneas de defensa, se aglutinaban las tropas inglesas en pos de dar el asalto final sobre la capital: para completar su despliegue, los mandos británicos decidieron efectuar un desembarco anfibio en la zona de Fitz Roy y Bahía Agradable, en la creencia que podrían realizar la maniobra sin ser vistos por los argentinos.

Pronto comprobarían cuán equivocados estaban: la información del ingreso a la bahía de los buques de desembarco Sir Tristam y Sir Galahad fue rápidamente trasmitida por gente de marina y ejército apostados en las cercanías, al comando superior de la Fuerza Aérea, que en forma inmediata ordenó el despegue desde el continente de dos escuadrillas de cuatro A-4B Skyhawk cada una. La primera indicativo “Mastín” liderada por el primer teniente Filipini, secundado por los tenientes Galvez y Auterio y el alférez Gómez. La segunda, indicativo “Dogo”, al mando del Capitán Pablo Marcos Rafael Carballo, secundado por el primer teniente Carlos Cachón, el teniente Carlos Rinke y el alférez Carmona.

Esta primera oleada de 8 aviones se vio reducida cuando tres de los aparatos, entre ellos el del Capitán Carballo, tuvieron que regresar por problemas de reabastecimiento en vuelo. No obstante, los cinco restantes pudieron continuar hacia el objetivo: los “Dogos” atacaron al Sir Galahad, donde los Guardias Galeses esperaban su turno de desembarco. El Primer Teniente Carlos Cachón acertó sus bombas en medio del navío, una de las cuales explotó en su sala de máquinas desatando un espeluznante incendio. Instantes después los “Mastines” fueron contra el Sir Tristam. El trágico saldo para los británicos fue de 51 muertos y más de 150 heridos.


Mientras tanto, la fragata Plymouth, que se acercaba para cumplir funciones de defensa ante el caos reinante, fue sorprendida por cinco Dagger argentinos, quienes descargaron sus bombas, cuatro de las cuales impactaron de lleno, aunque sin explotar. De todos modos, obligaron a la nave a retirarse mar adentro envuelto en una espesa columna de humo.

El combate continuaría a la tarde, con la segunda oleada del día, aunque la situación cambiaría, debido a que los aviones nacionales ya no contaban con el factor sorpresa. La misma estaba compuesta por seis A-4B Skyhawk, divididos en dos secciones: la escuadrilla “Mazo” al mando del primer teniente Danilo Rubén Bolzán secundado por el teniente Arrarás y el alférez Dellepiane; y la segunda indicativo “Martillo” con el primer teniente Berrier a la cabeza, más el teniente Héctor Sanchez y el alférez Jorge Vázquez.

Esta vez, al entrar en la bahía, fueron recibidos por una defensa atenta, y una lluvia de misiles y balas de todo calibre les dieron un hostil recibimiento: los pilotos argentinos alcanzaron a dar en el lanchón de desembarco Fox Trox 4 que en ese momento estaba descargando equipos de comunicación y de transporte, matando a ocho británicos. Pero casi de inmediato surgieron en el horizonte los aviones Sea Harrier ingleses, que lanzaron sus temibles misiles aire-aire Sidewinder, primero contra el Primer Teniente Bolzán, cuyo avión fue alcanzado, estrellándose a los pocos segundos en tierra, luego contra el “Turquito” Arrarás, quien logró eyectarse pero su paracaídas se incendió, desapareciendo en las heladas aguas de la Bahía, y también fue derribado el alférez Alfredo Vázquez, cuyo avión estalló en el aire. Solo logró escapar el primer teniente Héctor Sanchez.

El saldo de la jornada, no obstante las bajas sufridas por la aviación nacional, fue favorable a la Argentina, y si bien no resultó suficiente para torcer el rumbo de la guerra, nuestros Halcones demostraron al mundo, una vez más, su gran pericia y profesionalismo, supliendo con coraje, valor y amor a la Patria, la clara inferioridad de condiciones de sus aeronaves y armamento en comparación a las de los británicos.

Sigo apreciando la costa de la bahía, y recorriendo sus playas pedregosas, cuya paz solo es alterada por el fuerte viento de la jornada.  Parece algo difícil de imaginar el contraste entre este lugar tan calmo e inhóspito, con aquél de 1982, que fuera escenario de lucha, proyectiles, misiles y muerte.


Solo los memoriales británicos dan fe de lo que allí ocurrió hace treinta y ocho años atrás. Luego de una oración en respetuoso silencio ante cada uno de ellos, en memoria de los caídos en ese lugar (argentinos, británicos, y muy especialmente en homenaje a nuestros bravos “Halcones”) emprendemos el regreso.

Esta vez acertamos el camino sin inconvenientes. Al pasar al costado del caserío de Establecimiento Fitz Roy, frente al portón de lo que parecía ser un galpón de esquila, un kelper nos saluda amablemente levantando la mano. Inmediatamente cruzamos una fugaz mirada cómplice con Pali, mientras nuestros pensamientos coincidieron en una certeza: “No nos vio metidos en su corral de ovejas”…  

DE REALICÓ A MALVINAS: "EL ÚNICO CAMINO PARA RECUPERAR LO QUE NOS PERTENECE, ES EL DE LA PAZ"


 

 

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