Por: InfoTec 4.019/04/2026

Polémica distinción en la UBA: Taty Almeida recibió el Honoris Causa en un acto marcado por la confrontación política

La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) volvió a quedar en el centro de la controversia tras otorgar el doctorado Honoris Causa a Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Lo que formalmente se presentó como un reconocimiento académico, terminó derivando en un acto de neto corte político-partidario, donde la institución universitaria fue utilizada como plataforma para lanzar duras críticas y consignas contra el Gobierno Nacional.

NACIONALES | La entrega de la máxima distinción que puede otorgar la UBA reavivó el debate sobre la politización de los claustros universitarios. Durante la ceremonia, los discursos académicos fueron desplazados por una retórica de confrontación, centrada exclusivamente en la oposición a la administración de Javier Milei, desdibujando la frontera entre la excelencia académica y la militancia de trinchera.

La Universidad como unidad básica

Desde sectores críticos se cuestionó que el ámbito universitario, que debería ser un espacio de pluralidad y debate de ideas, se transforme en un "hervidero" de consignas militantes. Durante el acto, Almeida no solo arremetió contra la figura presidencial calificando al gobierno de "negacionista", sino que incluso utilizó el humor para ridiculizar la caída accidental de una bandera de ceremonias, atribuyéndola irónicamente al primer mandatario.

Esta situación reabre el interrogante sobre si el título de Doctor Honoris Causa mantiene su valor científico y académico o si se ha convertido en una herramienta de validación ideológica. El acompañamiento de las máximas autoridades de la UBA, incluido el rector Ricardo Gelpi, a un discurso que llamó abiertamente a la "resistencia" y la confrontación directa, profundiza la preocupación por el uso de los recursos y espacios públicos para fines ajenos a la educación superior.

Desvío del foco educativo

Mientras la comunidad educativa reclama con legitimidad por el financiamiento universitario, actos de este tenor parecen desviar la atención hacia la pelea política. En lugar de buscar consensos institucionales para resolver la crisis presupuestaria, la Facultad de Filosofía y Letras optó por un evento que, lejos de tender puentes, profundiza la brecha social y política del país.

La distinción a Almeida, fundamentada en su trayectoria en el movimiento de derechos humanos, quedó opacada por una puesta en escena que priorizó la arenga militante por sobre la reflexión pedagógica. El evento dejó en claro que, para ciertos sectores de la UBA, la prioridad parece ser la consolidación de un bastión de resistencia política antes que el fortalecimiento de un espacio de formación académica neutral y de excelencia.