"La gorda amarilla"... volvió a su refugio (de amor)!
Los protagonistas de esta historia, que en términos periodísticos llamaríamos una "nota de color", somos nosotros.... o mejor dicho, es ella y nosotros!
Se las presento, ella es Sara, como alcanzamos a bautizarla en sus escasas horas en casa, o la "gorda amarilla" como la identifican con extremo amor sus nobles cuidadores en el refugio de A.R.A.A. (Asociación Realiquense amiga de los animales).-
Sara, como los casi 130 perritos que se alojan en el predio, llegó un día al refugio, seguramente cargando sobre su lomo alguna que otra pulga y garrapata que recolectaba en su camino de callejera, pero también algo que ninguna pipeta o collar puede aliviar... nuestra indiferencia.-
Sara, como sus numerosos compañeros de vida, recibió en cada visita ese amor que solo son capaces de dar los que voluntariamente, sin pedir nada a cambio, entregan muchas horas para alimentarlos, cuidarlos, recuperarlos de cada dolencia que arrastran, preocuparse por que ya casi no hay mas lugar para alojarlos, por luchar contra viento y marea en inculcar la tenencia responsable, por creer en una comunidad mas sensible y menos cruel con los animales.-
Y un día... precisamente un 7 de enero de 2018, a la "gorda amarilla", una de sus "mamás" del refugio, Juliana, la fue a buscar! Por suerte ellos tienen muchas mamás y muchos papás!. Vaya a saber que pensaría mientras se alejaba cargada en un auto!
Y así llegó a casa, recorrió pocas cuadras por que vivimos cerca, desde aquí se pueden escuchar los ladridos del centenar! Y acá la esperábamos una familia con tres niños y con Emma, nuestra perrita.- Habíamos decidido mutar el dolor de la partida reciente de Timmy, nuestro perro, por brindarle amor y un hogar a una nueva integrante, y la opción era sin dudas elegir a un animalito del refugio.-
Juliana llegó esa tarde de domingo, asi, como va a visitarlos, vestida con la ropa mas vieja que tiene, para que nada sea un impedimento a la hora de jugar con ellos!. No importa si mordisquean la remera, si embarran los pantalones, no importa...
Pagaría por saber que pensaba Sara cuando llegó a casa... Emma intentaba por todos los medios jugar, darle una bienvenida de buena anfitriona, pero ella no sacaba los ojos de la vista de su amiga del refugio!
Y llegó la hora de quedarse en su nuevo hogar, no le faltaba nada... eso creíamos nosotros, los humanos, los que creemos saberlo todo y no sabemos nada!
Después de jugar un rato llegó el momento de entrar a cenar y que ella quedara con su amiga perruna. No paso casi ni una hora cuando el ladrido de Emma nos advirtió algo raro... Sara se había escapado!... Había saltado el tapial!. Así, como la ven de gorda en la foto que ilustra esta historia logró saltar el tapial!. Corrimos por los patios, molestamos a los vecinos con una linterna hasta que por fin la encontramos y volvimos a casa. Pensamos que se iba a aquerenciar, que era cuestión de tiempo, y como tenemos una amplia casita totalmente de material, piso de cemento con un viejo acolchado y chapa de fibrocemento para que los ruidos no los asusten, que construimos nosotros para Emma y Timmy, decidimos que pasara allí la noche trabando la puerta...
Pero logro irse, nos levantamos y Sara ya no estaba... había vuelto al refugio... solita, quizas guiada por el sentido de orientación o por los ladridos de sus amigos que la llamaban. Allí estaba, igual que siempre, esperando el amor de cada uno de sus cuidadores...
Nos queda un lugar en la casita para compartir con Emma... seguramente volveremos al refugio a buscar entre tantas miradas de amor como la de Sara.-
Quise contarles esta historia por que refleja la INVALORABLE tarea de cada uno de los voluntarios que conforman A.R.A.A, por que nadie (ni humanos, ni animales) regresa por instinto a un lugar donde no es feliz!
Sara está en su casa, creemos que no quiere irse de allí, quizás sea por que hace años que nuestra indiferencia la hizo encontrar con el amor de los voluntarios.- Ella seguirá cada día esperando que lleguen y la llamen por el cariñoso "la gorda amarilla".-
No hagamos que todos se acostumbren a vivir su vida entera en el refugio, hagamos que sea un lugar de paso, un buen recuerdo entre la calle y el hogar de una familia...¡adoptemos!
El enorme aplauso a todos los que cada día no solo llevan en sus vehículos bolsas y bolsas de alimento, sino que llevan el corazón cargado de amor y hacen que muchas "gordas amarillas" sean felices en el refugio!
Felicitaciones A.R.A.A Realicó!
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