Emprendedores: Pampacryl la pintura pampeana que sueña con llegar al sur del país cumple 10 años
LA PAMPA | Pampacryl, la fábrica pampeana de pinturas y revestimientos para hogar y obra, está cumpliendo diez años. Sus fundadores, Sandra Mengascini y Carlos Elorza, repasaron en una extensa entrevista cómo se gestó el proyecto, los desafíos de producir en La Pampa para vender fuera de la provincia y lo que aprendieron en el camino.
Según explicaron, la empresa nació con la idea de aportar a la provincia un producto que no se fabricaba en ella y de abastecer primero a los pampeanos y después a otros mercados. Hoy produce toda la gama de pinturas para hogar y obra: látex, acrílicas y sintéticas, además de revestimientos. Su producto más vendido son los revestimientos texturados.
La firma cuenta con cuatro locales propios, dos en Santa Rosa, la capital provincial, uno en Toay y uno en General Pico, y tres franquicias, en General Acha, Bahía Blanca y Trenque Lauquen. A eso se suman revendedores en casi todas las localidades de La Pampa, a través de corralones y ferreterías. El equipo ronda entre 30 y 40 personas, entre producción, locales comerciales y vendedores. Comenzaron con 12 productos y hoy tienen alrededor de 100. Su capacidad de producción supera los 100.000 litros mensuales, aunque aclararon que el volumen real varía bastante de un mes a otro.
De Córdoba y Santa Rosa a Italia, y de vuelta
Sandra es cordobesa y se formó como farmacéutica en la capital de esa provincia. Llegó a La Pampa para trabajar en el sector y durante años lo hizo en farmacia privada; luego pasó por el departamento de medicamentos del Ministerio de Salud provincial. Carlos hizo el secundario en la ENET Nº 1 de Santa Rosa, estudió arquitectura fuera de la provincia y al volver trabajó en empresas constructoras y abrió su propio estudio.
Ya en pareja, se fueron a vivir cuatro años a Italia. No fue por necesidad ni por falta de trabajo, contaron, sino por las ganas de vivir la experiencia. Allí Carlos abrió una empresa constructora que hacía remodelaciones y ampliaciones, y Sandra trabajó en una fábrica de cosmética, donde pasó de tareas básicas al laboratorio de control de calidad. Su ciudadanía italiana, señaló, le abrió puertas. Con el primer hijo de un año, volvieron de vacaciones a la Argentina y decidieron quedarse: “Nos fuimos, pero la cabeza y el corazón quedaron acá”. Recordaron como una anécdota la llegada a Italia, cuando descubrieron en el aeropuerto que su idioma no era tan bueno como creían y tuvieron que volver a la escuela nocturna.
Por qué pintura
De regreso, Carlos hizo crecer su constructora y empezó a ver la demanda de pintura en las obras. Buscaba un negocio que pudiera hacerse desde La Pampa, que fuera útil para los pampeanos, no fuera un producto “trillado”, admitiera valor agregado y no tuviera grandes complicaciones de transporte para salir de la provincia. Antes pensó en proyectos ligados al hormigón, como bloques y viguetas, pero ninguno cerraba. Presentó la idea en el ministerio de la provincia, que la consideró factible.
Para Sandra, la propuesta tenía un atractivo especial. Mientras trabajaba en el ministerio, ayudaba en sus ratos libres, y después se tomó una licencia para hacer en Buenos Aires un curso intensivo de cuatro meses y recibirse de técnica formuladora de pinturas y revestimientos. Cuando el trabajo dobló la jornada, dejó el ministerio y se dedicó de lleno a la fábrica. “Era volver a eso que me gustaba de chica, mezclar cosas y que saliera algo de esa mezcla”, contó.
Una fábrica sin demanda asegurada
Los fundadores aclararon que no arrancaron con compradores asegurados. Hicieron un análisis de mercado, calcularon hasta dónde podían expandirse y compraron la maquinaria para esa capacidad. Las máquinas grandes se pusieron en marcha en 2017, tras un período de pruebas y ajustes de fórmulas. Después salieron a buscar el mercado, primero con distribuidores y luego con locales propios, vendedores, franquicias y todo lo que fuera necesario.
Elorza insistió en que fabricar pintura no es “batir una lata”. La empresa cuenta con un laboratorio certificado donde se controla la calidad desde que ingresa cada lote hasta que se autoriza el envasado, y se conservan muestras durante años. Desarrollar un producto nuevo lleva entre tres y seis meses: pruebas en pequeña escala, ensayos de estabilidad con frío y calor extremos, exposición a lluvia y sol, y una última prueba con aplicadores que dan su opinión sobre tiempos de secado y rendimiento. Los productos que requieren certificaciones especiales, como las pinturas antibacteriales para hospitales, se certifican con organismos externos.
Los desafíos de producir en La Pampa
El principal obstáculo, según los fundadores, es el transporte. Con el costo del combustible, un producto que se traslada a más de 500 kilómetros empieza a competir contra el flete. Además, La Pampa no cuenta ni con la materia prima ni con el consumo que suele ubicar a las fábricas. Por eso sostienen que el valor agregado tiene que ser alto y que, al ser la fábrica más austral del rubro, el mercado natural es hacia el sur.
Todas las materias primas de la pintura son importadas, y la más sensible es el pigmento blanco: cuando hay problemas, es el primer insumo cuyo precio se dispara. La venta, además, es estacional: la temporada fuerte arranca en septiembre, con el calor y las fiestas, y cae desde abril o mayo con el frío. En esos meses recurren a promociones y beneficios para incentivar compras anticipadas.
La pandemia de 2020, con los locales cerrados, fue “dura”, recordaron, aunque también vieron que la gente, encerrada en casa, se puso a pintar. Y reconocieron que, como todo emprendedor, conviven con los vaivenes de la economía del país.
Una marca nueva frente a las de siempre
El mayor desafío, admitió Sandra, es instalar una marca nueva frente a otras que llevan décadas en el mercado y a pintores acostumbrados a trabajar siempre con la misma. La estrategia fue el trato personalizado: visitar obras, asesorar a los clientes, mostrar comparaciones y dejar que prueben el producto. Calculan que posicionar una marca lleva más de 20 años y consideran que van “a la mitad”.
Con el tiempo, afirmaron, ya hay gente que reconoce la marca y clientes que llegan por recomendación. Pero también hay quien se sorprende de que exista una fábrica en Santa Rosa. “Creo que hay poca publicidad de lo que se fabrica acá en La Pampa”, opinó Sandra, y destacó el valor de ferias como Expo Pymes para que los industriales pampeanos se conozcan entre sí: así descubrieron, por ejemplo, a Industrias Bono, ubicada a dos cuadras de su fábrica en el Parque Industrial.
Sandra reconoció además que subestimó la dificultad de este camino: pensó que el sentido de pertenencia pampeano iba a pesar más y que su marca sería aceptada con más rapidez. “Cuesta mucho más de lo que yo pensé”, dijo.
Hacia dónde van
Los planes apuntan a completar la cobertura de La Pampa y seguir hacia el sur y el oeste de la provincia de Buenos Aires y el sur de Córdoba, con Pehuajó, Carlos Casares y Tres Arroyos en el horizonte. “Cambia el camino, pero no el fin”, resumió Elorza: una fábrica de pintura para hogar y obra para toda La Pampa, con una marca pampeana que genere pertenencia, y que además llegue a todo el sur del país. Si no es en cinco o diez años, dijo, será en veinte.
Un mensaje para los jóvenes
Consultados por los entrevistadores sobre qué consejo darían a gente joven, los fundadores pidieron vivir experiencias, construir cosas propias y entender que los resultados llevan tiempo. “Nunca se queden con las ganas de nada”, pidió Sandra, y agregó que emprender no es un fracaso, aunque salga mal en lo económico, porque siempre deja un aprendizaje. Elorza, por su parte, definió a su socia y pareja como “una compañera incondicional” y “una hormiga” en el trabajo, y ella a él como alguien con “una cabeza que está todo el tiempo maquinando”. Admitieron que separar el trabajo de la vida familiar es difícil cuando comparten ambas cosas.