


La avicultura argentina cerró 2025 con producción y consumo récord de pollo
InfoTec 4.0






AVICULTURA | La industria avícola nacional llega al Día Nacional de la Avicultura, que se conmemora este 2 de julio, con un año 2025 que quedó registrado entre los más productivos de su historia. De acuerdo con datos difundidos por el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), la producción del país alcanzó las 2,47 millones de toneladas, a partir de la faena de unas 750 millones de aves en establecimientos habilitados por el Senasa.
Ese volumen productivo tuvo su correlato directo en la mesa de los argentinos: el consumo interno de carne de pollo llegó a 49,4 kilos por habitante al año, la cifra más alta registrada hasta el momento y un dato que ubica a esta proteína prácticamente a la par de la carne vacuna en las preferencias de consumo del país.
Desde CEPA explicaron que el sostenimiento de este crecimiento se apoya en cuatro pilares centrales: genética, nutrición, manejo y bioseguridad, un esquema que permitió mantener un estándar sanitario que habilita el acceso argentino a múltiples mercados externos. La actividad productiva, además, se concentra fuertemente en dos provincias: entre Entre Ríos y Buenos Aires explican más del 90% del procesamiento avícola nacional, consolidando a ese corredor como el epicentro del sector en el país.


El impulso local se da en sintonía con una tendencia mundial: el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) proyecta que la producción global de carne aviar llegará a un récord de 110,7 millones de toneladas durante 2026, un 3% por encima del año anterior y el tercer año consecutivo de expansión, lo que posiciona a esta proteína animal como la de mayor crecimiento a nivel mundial. En ese escenario, Argentina apunta a ganar terreno: el país tiene habilitados más de 100 destinos de exportación y durante 2025 exportó de manera efectiva a 74 naciones.
Ese desempeño en el plano comercial se sostiene sobre un trabajo sanitario previo que se desarrolla en los propios establecimientos de cría. Desde el sector privado remarcaron que la salud animal constituye el primer eslabón de una cadena que culmina en la mesa de los consumidores, y que las tareas de prevención, vacunación y bioseguridad no solo resguardan a las aves, sino que también aportan a la producción de alimentos seguros y sostenibles, en línea con el concepto internacional conocido como "One Health". Para la industria, este trabajo sanitario de origen es lo que respalda el estatus de los productos argentinos, tanto en el consumo doméstico como en los mercados externos.
El salto en el consumo per cápita también reconoce un fundamento nutricional. El pollo es una carne magra y una fuente concentrada de proteína de alto valor biológico: cada 100 gramos aportan cerca de 22 gramos de proteína, según cifras de la Asociación Argentina de Licenciados en Nutrición (AALEN). A esto se suma un bajo contenido de grasas, con predominio de las insaturadas, y un aporte reducido de sodio, con una porción que representa apenas el 5% del máximo diario recomendado por la Organización Mundial de la Salud, según datos del Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo (CINCAP). Ese perfil nutricional, sumado a un precio relativo más accesible frente a otras proteínas, explica en buena medida el crecimiento sostenido del consumo en los últimos años.












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