
Este informe advierte sobre el sobrediagnóstico y la medicalización de la infancia, y plantea que acompañar a las personas no requiere una etiqueta permanente, sino escucha, contexto y tiempo. Parece que de un día para el otro el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se convirtió en la explicación universal. Cuesta concentrarse, se olvida algo, se interrumpe una conversación o se pierde el hilo en una reunión, y la respuesta automática es: "seguro tengo TDAH". Las redes lo amplifican: videos de quince segundos que listan síntomas genéricos, tests online y testimonios que invitan a reconocerse. El diagnóstico se volvió identidad y la etiqueta, un atajo.













