De vender insumos a fiscalizarlos: la historia de la agrónoma que transformó a Cañada Rosquín en el primer «Municipio Verde»
CAÑADA ROSQUIN | Su llegada a la gestión pública fue casi accidental, tras una crítica técnica al manejo del arbolado urbano luego de un tornado. Sin embargo, su mayor legado comenzó en 2016, cuando se propuso resolver el conflicto de las fumigaciones periurbanas. En lugar de aplicar prohibiciones basadas en distancias arbitrarias, convocó a los 26 ingenieros agrónomos de la localidad para diseñar una ordenanza basada en el control tecnológico y la trazabilidad absoluta, convirtiendo a la localidad en el primer "Municipio Verde" de Santa Fe certificado por Aapresid bajo normas IRAM.
Un sistema de control sin precedentes
El modelo de Cañada Rosquín establece un área de control que se extiende entre 1.200 y 1.500 metros alrededor de la planta urbana. En esta franja, cada aplicación es monitoreada por un sistema digital que registra la receta técnica y exige la presencia obligatoria de ingenieros "veedores" que supervisan todo el proceso, desde la carga del producto hasta la verificación de las condiciones climáticas, evitando riesgos como la inversión térmica.
Este esquema, financiado por los propios productores, permite que el municipio posea una "historia clínica" de cada lote. "Estamos viendo que cada vez las aplicaciones son menores", destaca Racciatti, en una nota publicada por El Ciudadano, subrayando que el control riguroso ha fomentado mejores prácticas. La firmeza de la gestión se traduce en sanciones ejemplares, incluyendo clausuras de maquinaria y lotes ante cualquier irregularidad, demostrando que la convivencia entre campo y ciudad es posible mediante la transparencia y la sinergia entre los actores.