Por: InfoTec 4.009/10/2026

“Mente Ultraprocesada”: La investigación de un alumno de 4º año de la Escuela de Comercio

Octavio Andrada presentó en Infomatrix 2026 un proyecto de divulgación científica sobre el eje intestino-cerebro. Cuenta con el asesoramiento de la profesora de Biología Silvana Junco y ya lanzó una web para compartir experiencias y recabar más información. MITRÁ LA NOTA EN VIDEO ACÁ O EN NUESTRO CANAL DE YOUTUBE, SUSCRIBITE Y ACTIVÁ LA CAMPANITA PARA NO PERDERTE NADA!!!

REALICÓ | Entre los proyectos de Infomatrix 2026, uno plantea una pregunta que atraviesa a adolescentes y familias: ¿qué le pasa al cuerpo y a las emociones cuando se consumen alimentos ultraprocesados? Es el trabajo de Octavio Andrada, alumno de 4º año turno mañana de la Escuela de Comercio, que presentó su proyecto de divulgación científica “Mente Ultraprocesada” y lo explicó en diálogo con Infotec 4.0.

La investigación cuenta con el acompañamiento y asesoramiento de la profesora Silvana Junco, a cargo del espacio curricular de Biología. Según informó la institución, el trabajo analiza la relación entre el consumo de alimentos ultraprocesados con aditivos emulsionantes y su posible vínculo con la microbiota intestinal, así como con síntomas de ansiedad y alteraciones del estado de ánimo en adolescentes, a través del llamado eje intestino-cerebro. La escuela destacó que se trata de un tema relevante para pensar acciones en torno a la salud mental.

De una duda a un proyecto

Octavio contó que la idea nació el año pasado como una duda: “¿Por qué duran tanto, por qué saben tan bien y por qué los comemos aunque sepamos que nos hacen mal?”. Los ultraprocesados, explicó, son alimentos con aditivos que sirven para conservarlos más tiempo y mejorar su sabor.

Qué plantea la investigación

Según su explicación, cuando se come algo muy rico, el cerebro libera dopamina, la hormona del placer. Los aditivos, sostuvo, llegarían a la microbiota, el conjunto de bacterias del sistema digestivo, y crearían un ambiente que favorece a las bacterias dañinas por sobre las beneficiosas. Eso derivaría en una disbiosis, una inflamación de bajo grado en el intestino, que a través del nervio vago podría generar también inflamación neuronal. Cuando el efecto de la dopamina se corta, el cerebro entraría en un estado de irritabilidad e incluso en un patrón de consumo parecido a una adicción: con el mismo estímulo repetido, busca cada vez más para sentir lo mismo.

“¿Nunca se enojaron o se frustraron porque les comieron un paquete de papitas que era suyo?”, ejemplificó. Son planteos del estudiante, que combina información de distintas fuentes con su propia investigación.

Una encuesta en su escuela

Para contrastar esas ideas, Octavio realizó una encuesta entre sus compañeros. Preguntó con qué frecuencia consumían snacks y bebidas azucaradas y cómo describían su estado de ánimo general, entre otras cuestiones. Luego agrupó a los participantes en dos categorías: bajo consumo (una o dos veces por semana, o nunca) y alto consumo (tres o cuatro veces por semana, o siempre).

Según su análisis, entre los de bajo consumo el ánimo era “bueno o muy bueno”, mientras que entre los de alto consumo iba de “regular a malo”. Estos últimos, además, referían sentirse cansados a veces, y algunos de forma crónica, preferían las opciones ricas y rápidas y sentían impulsos ante ciertas comidas.

Los encuestados contaron también cuándo las consumen: sobre todo mirando pantallas, con amigos y en momentos de ocio. Lo que más le preocupó, dijo, es que muchos lo hacen cuando están tristes o estresados, “como una manera de tapar ese dolor con dopamina, cosa que no es verdad y que no nos ayuda”.

El experimento con ratones

El estudiante mencionó además un podcast de una científica que experimentó con ratones: un grupo recibió alimentación normal y otro, aditivos y otros químicos propios de los ultraprocesados. Con el tiempo, los segundos tardaban cada vez más en encontrar su comida. “¿Cómo sabemos si esto también está afectando nuestra educación?”, se preguntó.

Una conclusión equilibrada

El mensaje final fue claro: “No está mal comer algo que nos gusta de vez en cuando; el problema es cuando es en exceso o reemplaza comidas. Si me tomo una Coca-Cola y me como un alfajor de desayuno, ya ahí está descontrolado”.

Una web para compartir experiencias

El proyecto tiene continuidad. Octavio desarrolló una página web donde las personas pueden registrarse y contar qué sintieron al reducir su consumo de ultraprocesados, para que otros puedan leerlas o sumar las suyas. Así, el estudio ya no se limita a su entorno adolescente, sino que se abre a un público más amplio. Además, planea incorporar contenido audiovisual para personas que no pueden leer o escuchar, como una forma de inclusión. El acceso es por un código QR que él mismo armó para la muestra.