


¿Hoy suspenderán las clases porque hay viento?
InfoTec 4.0



En localidades como Realicó, donde la tormenta anunciada nunca llegó y la tarde transcurrió incluso con momentos de sol y temperaturas agradables, la medida generó desconcierto, críticas y una sensación cada vez más extendida: la escuela dejó de ser prioridad.


La suspensión alcanzó a numerosos establecimientos educativos, pero en la práctica muchos alumnos llegaron normalmente a clases y recién allí fueron informados de que debían regresar a sus hogares. Familias reorganizadas a las apuradas, padres interrumpiendo jornadas laborales y chicos caminando nuevamente de regreso fueron parte de una escena que volvió a poner en discusión la improvisación con la que se toman determinadas decisiones.
El problema excede una tormenta que finalmente no ocurrió. Lo preocupante es el mensaje de fondo. La escuela debería volver a ser concebida como un espacio seguro, prioritario e inalterable salvo ante situaciones verdaderamente extremas. La educación no puede quedar constantemente supeditada a probabilidades, interpretaciones alarmistas o escenarios hipotéticos que luego no se verifican en la realidad.


En los últimos años, el calendario escolar viene sufriendo un progresivo deterioro entre jornadas institucionales, paros docentes, actividades extraordinarias, suspensiones preventivas y recortes efectivos del tiempo en el aula. Cada día perdido impacta directamente sobre los aprendizajes, especialmente en un contexto donde los propios indicadores educativos muestran dificultades crecientes en comprensión lectora, escritura y matemática.
En Realicó, además, la decisión tuvo derivaciones adicionales. El municipio resolvió plegarse a la suspensión y canceló actividades del Cumelén y del Centro de Día. Pero la medida volvió a exhibir descoordinación: varios participantes ya habían arribado a los espacios cuando se comunicó la suspensión, incluso algunos trasladados previamente en la traffic destinada al servicio de discapacidad. Más allá de la incomodidad generada en adultos mayores, concurrentes y familias, también quedó expuesto un evidente malgasto de recursos públicos en movimientos y operativos que terminaron siendo innecesarios.
La prevención es razonable cuando el riesgo es real y comprobable. Nadie discute la necesidad de actuar ante fenómenos climáticos severos. Pero gobernar también implica administrar con criterio, proporcionalidad y sentido común. Si cada alerta preventiva deriva automáticamente en suspensión total de actividades, el riesgo es naturalizar que ante cualquier amenaza potencial la primera variable de ajuste sea siempre la educación.
Porque mientras la tormenta nunca llegó a Realicó, las clases sí se perdieron.












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