


"Fue una desgracia": el único argentino a bordo del crucero del hantavirus relató la pesadilla que vivió en alta mar
InfoTec 4.0






INTERNACIONALES | El ingeniero jubilado, único pasajero argentino a bordo del crucero MV Hondius, rompió el silencio tras el arribo de la embarcación a Tenerife y no eligió eufemismos para definir lo vivido: "Fue una desgracia". Su testimonio, brindado al canal TN, permitió reconstruir con precisión la cronología de un brote de hantavirus que transformó un itinerario turístico en una odisea sanitaria sin precedentes.
De la muerte silenciosa al pánico confirmado


Según el relato de Ferello, los primeros síntomas aparecieron en un matrimonio neerlandés mientras el barco navegaba en dirección a Tristán da Cunha, una de las islas más remotas del planeta. La muerte del hombre no generó alarma inmediata entre la tripulación ni entre los pasajeros. "Cuando comunica el capitán que el hombre murió, no se sospechaba nada; eran personas de edad, se lo trató como una infección", recordó el argentino. La situación dio un giro dramático en la isla de Santa Elena, donde la esposa del fallecido fue evacuada de urgencia hacia Johannesburgo, ciudad en la que también perdió la vida poco después. Fue a partir de ese momento que se confirmó oficialmente la presencia del hantavirus a bordo, un diagnóstico que encendió todas las alertas y forzó una serie de decisiones sanitarias y diplomáticas de alcance internacional. El médico del barco y un guía también resultaron contagiados, aunque afortunadamente lograron recuperarse tras ser desembarcados en Sudáfrica.
A bordo, sin pánico pero con incertidumbre
A pesar de la gravedad del cuadro sanitario que se desarrollaba a su alrededor, Ferello aseguró que el clima general a bordo no fue de pánico generalizado. Su condición de viajero solitario jugó, paradójicamente, a su favor: "Como yo estaba solo, siempre comía, desayunaba y paseaba solo; no tenía tanto contacto", explicó, subrayando que el distanciamiento natural que mantenía en su rutina diaria contribuyó a evitar nuevos contagios. El grupo de pasajeros, en su mayoría fanáticos de la observación de aves y amantes de la navegación en zonas extremas, mantuvo una templanza notable durante las semanas que duró la crisis, construyendo vínculos de fraternidad poco comunes que el propio Ferello destacó con emoción. "Iban a ser treinta y pico de días; tendría que haber estado en Buenos Aires el 5 de mayo, y ahora se va a alargar por lo menos 15 días más", lamentó, aunque sin perder el humor que lo acompañó durante toda la travesía.
La Cancillería argentina y el desenlace en los Países Bajos
En medio de la incertidumbre, Ferello no escatimó elogios para la gestión diplomática argentina. "Cancillería y el embajador fueron espectaculares. Estaban en contacto permanente, tanto el Ministerio de Salud como los consulados", destacó, reconociendo el rol clave que jugaron las autoridades argentinas para contener la situación y acompañar al pasajero durante los momentos más críticos. Ante la posibilidad de elegir su destino de repatriación, el ingeniero optó por viajar a los Países Bajos junto a otros 26 pasajeros, entre ellos ciudadanos japoneses y griegos, donde todos serán alojados en un hotel y sometidos a análisis de sangre y seguimiento médico periódico durante los próximos 15 días. "Es un viaje inolvidable", cerró Ferello entre risas irónicas, con la serenidad de quien sobrevivió a una experiencia límite y encontró en el humor la mejor manera de procesarla.













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