


Las regalías que hoy se disputan Mendoza y La Pampa lleva la marca de un ingeniero pampeano
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LA PAMPA | El conflicto por el río Atuel volvió a escalar esta semana luego de que el Gobierno nacional, mediante el Decreto 982/2026, dejara sin efecto el esquema vigente desde 1973 que repartía en partes iguales las regalías hidroeléctricas del sistema Los Nihuiles entre Mendoza y La Pampa.El decreto sostiene que como la obra hidroeléctrica está en territorio mendocino junto a la parte afectada del río, dichas regalías deben ser en su totalidad para Mendoza.
A partir de la nueva norma, la totalidad de esos recursos —equivalentes al 12 por ciento previsto por la legislación nacional para este tipo de aprovechamientos— quedará en manos de la provincia cuyana. La decisión fue celebrada por el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, mientras que su par pampeano, Sergio Ziliotto, lógicamente la cuestionó con dureza y anticipó que la provincia recurrirá a la Justicia. "No solo Mendoza nos robó un río. Ahora, junto al Gobierno de Milei, que deroga el Decreto 1560/73, nos quitan sus regalías. No nos quedaremos quietos. El río Atuel también es pampeano", expresó el mandatario a través de sus redes sociales.


En ese contexto de disputa por la distribución de los beneficios económicos de la megaobra, resulta oportuno reponer la historia de fondo: el complejo Los Nihuiles, con sus diques y centrales sobre el río Atuel, se desarrolló como parte de un ambicioso plan nacional de infraestructura hídrica impulsado desde el Ministerio de Obras Públicas de la Nación en la década de 1940, cartera que estuvo bajo la conducción del general Juan Pistarini entre 1944 y 1952. El dique El Nihuil, cuya construcción había comenzado en 1941 en el marco de un acuerdo entre la Nación y la provincia de Mendoza, fue finalmente inaugurado en 1947, en plena gestión de Pistarini al frente del Ministerio, dentro del primer Plan Quinquenal del gobierno de Juan Domingo Perón.
Pistarini, nacido en Victorica el 23 de diciembre de 1882, fue el responsable de conducir a nivel nacional una etapa de fuerte expansión de la obra pública que incluyó, además del sistema de riego y generación hidroeléctrica del Atuel, miles de escuelas, hospitales, rutas, barrios obreros y complejos de turismo social en distintos puntos del país. Su gestión al frente del Ministerio de Obras Públicas fue, según diversas fuentes históricas, la más extensa y significativa en la materia durante ese período, y su obra más recordada a nivel nacional es el actual Aeropuerto Internacional de Ezeiza, que le debe su nombre.
El dato resulta especialmente relevante en el marco del actual litigio entre las dos provincias: mientras Mendoza y la Nación discuten hoy a quién corresponden los beneficios económicos de una infraestructura construida hace casi ocho décadas, la conducción política y administrativa de las obras públicas nacionales que hicieron posible ese desarrollo estuvo, durante buena parte de esos años, en manos de un pampeano. Un antecedente que, para muchos en la provincia es desconocido.
La disputa por el Atuel combina desde hace más de cinco décadas dos frentes distintos: el reclamo pampeano por el uso del agua del río, que la provincia considera de carácter interprovincial, y la discusión más reciente sobre el destino de las regalías generadas por su aprovechamiento hidroeléctrico. Con la judicialización del conflicto ya en marcha, ambos capítulos volverán a discutirse en los tribunales, en una controversia que, como recuerda la historia de Pistarini, tiene raíces que exceden lo meramente económico.
Sin dudas, la obra más emblemática asociada a su nombre es el actual Aeropuerto Internacional de Ezeiza, cuya construcción impulsó y que fue inaugurado el 30 de abril de 1949 por el propio Perón bajo el nombre de Aeropuerto Ministro Pistarini. Tras el golpe de 1955, la dictadura autodenominada Revolución Libertadora le quitó su nombre, que recién fue restituido en 1985, durante la presidencia del radical Raúl Alfonsín, en un gesto que reconoció la magnitud de la obra más allá de las diferencias políticas.
El final de la vida de Pistarini estuvo marcado por la persecución política. Tras el derrocamiento de Perón en 1955, fue detenido y acusado de malversación de fondos en el marco de las causas abiertas contra funcionarios del gobierno depuesto. Murió el 29 de mayo de 1956, a los 73 años, mientras se encontraba preso en el penal de Ushuaia, en condiciones de salud y alimentación deficientes, sin haber sido condenado en un juicio firme.
Con el correr de las décadas, la figura de Pistarini fue reivindicada como la de uno de los grandes artífices de la infraestructura pública argentina del siglo XX, y su origen pampeano —oriundo de Victorica— es motivo de orgullo regional para quienes destacan el aporte de la provincia a la historia nacional.












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