"No es hambre, es crueldad": mataron una yegua mansa a tiros y solo se llevaron dos lomos
GENERAL ACHA | La imagen es brutal pero la publicamos para que se entienda la crueldad del hecho. Natalio Miranda llegó hoy al campo como cualquier otro día, a ver si una de sus yeguas había parido. Encontró a la potranca recién nacida junto a su madre y siguió revisando el lote. Fue entonces cuando vio algo raro desde la ruta, dejó la camioneta en el asfalto y entró caminando unos 400 metros. Pensó que el animal se había muerto. Cuando se acercó, entendió que no había sido así: alguien había matado a su yegua criolla de sangre pura, mansa, con la que andaban sus nietos y los hijos de su socio, un animal que no tenía precio por lo que representaba afectivamente y que en términos económicos valía alrededor de cinco mil dólares.
"Para mí le pegaron tres tiros con una carabina 22 magnum, uno a un centímetro y medio o dos del otro, en triángulo", relató Natalio en diálogo con Infotec 4.0. El análisis que hizo el propio criador, con años de experiencia en el campo y en tareas de zoonosis, es demoledor en su precisión: "los disparos no fueron a la cabeza sino al codillo, en el sobaco del animal, como se tira a un ciervo, y la agrupación cerrada de los tres impactos indica que quien disparó tenía buena puntería o estaba muy cerca del animal. Una bala apenas le perforó una costilla haciendo un orificio pequeño, lo que descarta el uso de un fusil de mayor calibre". La yegua cayó sin dejar rastros de lucha, como si se hubiera recostado a descansar. Luego la degollaron, pero prácticamente no sangró: toda la sangre había quedado adentro.
Lo que ocurrió después termina de quebrar cualquier argumento que intente justificar el hecho en la "necesidad". Los responsables sacaron dos lomos y pelaron un matambre hasta el costillar. Nada más. De un animal de 400 kilos, se llevaron aproximadamente diez kilos de carne y dejaron el resto tirado, con la paleta volcada y abandonada en el pasto. "Imaginate, José, un animal de 400 kilos para que te lleves 10, eso no es hambre", dijo Natalio con la voz cargada de bronca. Y fue más lejos: "Yo he visto casos con hambre y te pelan hasta los huesos. Alguien que quiere llenar un freezer porque la está pasando mal aprovecha todo".
El campo donde ocurrió el hecho pertenece a su amigo y socio Hernán Carabajal, quien además tiene una cabaña de animales de pedigrí y viene sufriendo este tipo de situaciones desde hace siete, ocho o nueve años. Vacas de pedigrí encontradas muertas por los lomos, cuatro o cinco animales faenados clandestinamente por año, una historia que se repite con una impunidad que desespera. "Parece la peatonal de Buenos Aires el campo", graficó Natalio, señalando que el predio está tan cerca del pueblo que la exposición es permanente y el control, casi imposible.
La rabia de Natalio tiene también una dimensión que va más allá de lo económico. La yegua era un animal escuela, de esos que se dejan montar por criaturas de tres años sin el menor riesgo. Su nieta más chica andaba en ella como si nada. Los hijos de su socio, igual. "Es como si te matan un amigo, un familiar", dijo con una emoción que no intentó disimular. "Uno tiene una conexión con esos bichos. Yo los veo nacer, los agarro apenas nacen, con mi mujer andamos todos los días, vamos, venimos".
La denuncia fue radicada y la policía realizó el peritaje en el lugar. Pero Natalio no oculta su temor ante lo que pueda ocurrir en el trámite judicial. Recordó el caso del caballo de la familia Quiroga, otro animal manso que corrió la misma suerte, cuya causa terminó con los responsables libres en pocos días. "Escuché que el juez o el fiscal alega que lo hacen por hambre", dijo, y la indignación en su voz fue total. Para él, para cualquiera que conozca el campo, lo que ocurrió no tiene ninguna explicación que tenga que ver con la necesidad.
"Si yo agarro a este tipo que me mató la yegua, no sé cómo iba a reaccionar, porque es como que me mató un familiar", cerró Natalio, sabiendo que esa frase resume mejor que cualquier estadística lo que significa la inseguridad rural para quienes ponen el corazón, el tiempo y los años en criar animales que otros destruyen en minutos.