¡Realicó explotó de alegría! La ciudad se pintó de celeste y blanco tras la clasificación argentina
REALICÓ | Fue un partidazo de esos que se meten en el alma futbolera de todo un país, y Realicó no fue la excepción. Con el corazón en la boca, con esa angustia que solo el fútbol de Selección sabe regalar, cada realiquense vivió los noventa minutos ante Egipto pegado a la pantalla, sufriendo, gritando, aguantando hasta el último segundo.
Y cuando el árbitro pitó el final, cuando la Scaloneta selló otra clasificación con el temple y la garra que la caracterizan, explotó todo. Se rompió la contención, se soltó la emoción acumulada de un partido durísimo, y la ciudad entera salió a la calle a festejar como se festeja en la Argentina: a pura pasión.
No pasaron ni cinco minutos del pitazo final cuando la avenida Mullally ya era un hervidero total. De punta a punta, la arteria principal de Realicó se llenó de autos tocando bocina sin parar, camionetas repletas de hinchas colgados por las ventanillas, motos zigzagueando entre la caravana, bicicletas sumándose a la fiesta y hasta el infaltable Pepe, que no quiso quedarse afuera del festejo y se metió en el bullicio arriba de su monopatín eléctrico. Porque en una tarde así, no importa en qué te subís: lo único que importa es estar ahí, gritando junto a los tuyos.
Durante largo rato, las caravanas no pararon de cruzarse de norte a sur y de sur a norte, en un ida y vuelta interminable de banderas argentinas flameando por las ventanillas, camisetas de todas las épocas, vuvuzelas sonando sin descanso, chicos arriba de los hombros de sus papás y abuelos abrazando a sus nietos como si el tiempo se hubiese detenido. Un párate en la vida de todos los días para que Realicó, como el resto del país, se funda en un abrazo colectivo que solo la camiseta albiceleste sabe provocar.
El ruido fue una fiesta en sí mismo: bocinazos que no cesaban, algún que otro camión sumándose a la caravana y haciendo retumbar la avenida con sus cornetas de aire, gritos de gol que se repetían una y otra vez como si el partido se estuviera jugando de nuevo en cada esquina. Todo, absolutamente todo, sirvió para celebrar un partido que la Selección supo dar vuelta con carácter, con esa fibra competitiva que ya es marca registrada del equipo de Lionel Scaloni, ante un rival que la peleó hasta el final.
Y al final del día, después de los nervios, después del sufrimiento, después de esa angustia que aprieta el pecho cuando el partido se pone cuesta arriba, quedó lo único que realmente importa: la Selección argentina sigue firme, sigue viva, sigue soñando dentro del Mundial 2026. Y Realicó, como siempre, estuvo ahí para acompañarla con todo el corazón.