Por: InfoTec 4.010/10/2026

Cuando la historia termina en el basurero

Editorial. Un archivo fotográfico de valor incalculable sobre la vida de Realicó fue descartado en el basural municipal y casi todo se perdió para siempre. Una joven rescató una parte. La pregunta que queda es cuántas veces más vamos a repetir el mismo error.

Acto municipal: Ahuad, Rodrigo, Picca,Almudevar, Marín, Ordóñez entre otros

REALICÓ | Hay pérdidas que no hacen ruido, y quizás por eso duelen más. Hace unos días, una joven de nuestro medio encontró en el basural municipal un montón de fotografías históricas de la vida realiquense, tiradas entre los desechos. Por motivos particulares, esa vez pudo rescatar solo algunas. Cuando volvió a buscar el resto, ya era tarde: una máquina vial que removía los residuos había pasado por encima de las fotos y las había mezclado con la basura general. Quedaron irrecuperables. Así se perdió, de manera definitiva, un archivo de valor incalculable para nuestra historia.

Histórica toma con el sello de la emblemática casa de fotografía "Carretero"

Un archivo sin dueño conocido

Por ahora se desconoce el origen de ese material. Todo indica que quien lo tenía en su poder no fue consciente de su valor histórico y testimonial, y decidió deshacerse de él. No se trata de buscar culpables, sino de entender qué nos pasa cuando una caja de fotos viejas parece solo un estorbo y no una memoria colectiva.

Aniversario del Club Ferro, 1964

Lo que se perdió, y lo que se salvó

Eran imágenes de instituciones y de familias reconocidas, de empresas, de momentos del desarrollo de la ciudad. Lo poco que se pudo rescatar da una idea de la dimensión de lo perdido: fotos de actos institucionales y políticos, visitas de gobernadores, incluso la de algún presidente de la Nación antes de serlo; un Realicó mucho más chico visto desde el aire; concesionarias que ya no están, como la recordada Ranco o Chico Automotores; los Padres Vegis, Cuchietti, jugadores de básquet y de fútbol, edificios en construcción como la Escuela de Comercio o el comedor municipal.

Son imágenes que ya no se pueden volver a tomar, que no están en ningún otro lado y que nadie más podrá reconstruir. Cada una de ellas decía algo de quiénes fuimos.

Emblemática agencia Ranco, representante de la marca Ford

Una costumbre que duele

Lo más triste es que no parece un hecho aislado. Otra vez los realiquenses destruimos nuestra historia, y volvemos a repetir el mismo error, mientras otros pueblos atesoran museos donde se preservan, para la posteridad, innumerables piezas que recuerdan su pasado. En Realicó, vaya uno a saber por qué designio, seguimos tirando lo que nos recuerda de dónde venimos.

El recordado y carismático Padre Vegis

Una joven que hizo lo que había que hacer

Frente a esa desazón, queda un gesto que vale destacar. La joven que reconoció el valor de lo que veía no miró para otro lado: rescató lo que pudo y el material será entregado a quienes puedan preservarlo adecuadamente. Es un ejemplo de conciencia y de respeto por la memoria de la comunidad.

Una invitación para la próxima vez

La única forma de que esto no se repita es que cada uno sepa qué hacer cuando tiene en sus manos objetos que hacen a la historia local. Fotos, documentos, cartas, recortes, afiches, películas: si ya no son de interés para quien los tiene, conviene entregarlos a quienes puedan conservarlos y ponerlos a disposición de las generaciones futuras.

Un lugar posible podría ser la Biblioteca Avellaneda. Porque tampoco tendría sentido guardarlas fuera del alcance de la gente: la memoria sirve cuando se comparte.

Puesto policial en cruce de rutas nacionales 35 y 188 previo a la construcción de la actual rotonda

Ojalá esta pérdida sirva, al menos, para que la próxima vez alguien se detenga antes de tirar. Esa caja que parece vieja puede ser lo único que quede de un momento irrepetible de nuestro pueblo.