Aftosa: puede cambiar quién vacuna, no la obligación
REALICÓ | El médico veterinario Carlos Arese, quien además preside la Asociación Rural y de Fomento de Realicó, dialogó con Infotec 4.0 sobre las modificaciones dispuestas por el Gobierno nacional en el sistema de vacunación contra la fiebre aftosa. Aclaró que su exposición tenía, en primer lugar, un carácter informativo, para que los productores conozcan los plazos y los pasos a seguir, y recién después compartió la opinión de la entidad y la suya propia como productor.
Según explicó, a partir del 1° de enero de 2027 el productor podrá optar por un esquema distinto al actual: elegir un veterinario particular y comprar la vacuna en el lugar que le resulte más conveniente, ya sea por precio o por comodidad. Eso implica perder la territorialidad que hasta ahora tenían las fundaciones sanitarias para mejorar la cobertura y el control. Quien no opte por el cambio seguirá vacunando como hasta ahora con la fundación, que según adelantó la Rural tiene previsto continuar funcionando.
Para pasarse al nuevo sistema, el productor deberá realizar un trámite online ante el SENASA entre el 15 de octubre y el 15 de diciembre de este año. En él tendrá que indicar quién será el veterinario encargado de vacunar y dónde adquirirá las dosis, y el profesional deberá aceptar al productor, de modo que ambos queden como responsables del proceso. Los veterinarios que quieran participar deben estar acreditados ante el organismo. La vacunación comenzaría el 15 de febrero de 2027, y quien no se inscriba para salir del sistema quedará a cargo del ente sanitario, es decir, continuará como hasta ahora. La vacunación, remarcó Arese, sigue siendo obligatoria en todo el país.
El dirigente recordó además que este año ya hubo un cambio importante en el calendario: se dejó de hacer la segunda campaña, la de octubre y noviembre, destinada a la hacienda menor, y se realizó solamente la primera junto con una revacunación de los terneros nacidos durante el año. Con el nuevo esquema, las fechas serán las mismas y lo único que cambiaría es la metodología. El eje central, la vacunación, sigue igual; lo que cambia es la mano que empuña la jeringa.
Una decisión difícil de justificar
Al ser consultado por las ventajas y desventajas, Arese fue categórico desde su lugar de productor. Contó que en todas las reuniones con el ente oficial preguntó cuál era el beneficio de cambiar el sistema y que nadie supo explicárselo. Admitió que podría haber algún ahorro, aunque no sería significativo, y advirtió que se pone en riesgo un esquema sanitario que funciona. “Me siento empujado a un sistema que ya fracasó”, sostuvo, y calificó la medida como una decisión política que, a su criterio, es difícil de justificar desde lo técnico.
Su preocupación central es comercial. Con un novillo que hoy se vende a un valor que lo ubica entre los más caros de Sudamérica, se preguntó qué necesidad hay de correr un riesgo semejante. Explicó que la aftosa no es una enfermedad que se transmita a los seres humanos y que históricamente los países importadores la utilizaron como barrera paraarancelaria para pagarle menos a la Argentina. Recordó que, en la época en que los mercados estaban cerrados o restringidos, la carne llegó a venderse a menos del 20% de lo que vale actualmente. “El que se quemó con leche, ve una vaca y llora”, graficó.
La historia detrás del sistema de fundaciones
Para fundamentar su postura, el dirigente repasó la historia sanitaria del país. Señaló que entre 1960 y 1990 cada productor vacunaba con quien quería o por sus propios medios, y que durante esos años el país convivió con focos activos de manera constante, en un circuito de carne de valor muy inferior al actual. A partir del 90 se ordenó la vacunación a través de las fundaciones, con un esquema de varias dosis por año que se fue reduciendo a medida que mejoraba la situación sanitaria, hasta que en 1994 se registró el último foco. En sus palabras, tras años de gastar muchas dosis con costo para el productor, se organizó de otra manera el pago y la aplicación, y con muchas menos dosis se terminó la aftosa en el país.
Arese también recordó que, a fines de la década del noventa, la decisión de dejar de vacunar derivó en un nuevo brote durante el segundo semestre de 2000 y en una fuerte caída de los precios. Según dijo, cada una de esas crisis dejó pequeños productores fuera de la actividad: a su entender, de 600.000 productores se pasó a unos 280.000 en la actualidad.
Pequeños productores, costos y controles
Consultado sobre qué elegirán los productores, estimó que la mayoría de quienes conoce, entre ellos los de la zona, no tomó una decisión definitiva pero en principio prefiere seguir con la fundación. Consideró que quienes más probablemente se vuelquen al esquema privado serán los productores grandes, ya que los chicos no tienen la espalda para estos trámites. Destacó que la fundación, si bien es una entidad privada, está administrada por los mismos productores y funciona de forma solidaria: atiende a quienes no pueden pagar o se demoran, y sale a recorrer los kilómetros necesarios para llegar a los establecimientos más pequeños. Valoró además que desde los años noventa el productor chico paga el mismo precio por la vacuna colocada que el grande, algo que antes no ocurría. El campo más alejado que atiende la fundación local, precisó, está a unos 30 o 35 kilómetros.
Sobre los costos, indicó que la última vacunación salió el equivalente a unos 700 gramos de carne de novillo por animal, con colocación y seguimiento incluidos. Explicó que las fundaciones cargan con gastos impuestos para poder integrar el plan, como el aseguramiento de todo el personal, la reserva del 10% de las dosis totales para eventuales emergencias, un jefe técnico permanente y una estructura administrativa que permita auditar toda la actividad ante el ente oficial. Admitió que algunas de estas exigencias se flexibilizarían con el nuevo esquema, lo que permitiría abaratar costos y competir con los particulares, y recordó que quien vacuna de manera privada buscará, lógicamente, una renta. No cree, por eso, que haya una diferencia de dinero importante entre una y otra opción.
Finalmente, advirtió que con más actores en juego los controles serán más complejos y que todavía no está claro cómo se hará el seguimiento para asegurar una cobertura cercana al 100%. Rechazó, además, la idea de que defienda el sistema por intereses personales: “Mi negocio es ser productor agropecuario y vender carne y leche”, respondió, y aclaró que las fundaciones se auditan todos los años y que cualquier productor puede consultar y reclamar si tiene dudas sobre lo que paga.
Para cerrar, Arese remarcó que la Asociación Rural está abierta para evacuar consultas de los productores sobre este y otros temas.