Crimen de Miranda: La historia de una oscura traición

Regionales 28 de abril de 2021 Por INFOTEC 4.0
El pasado 23 de abril se dieron a conocer los fundamentos de la sentencia a cadena perpetua al productor rural, Javier Gallo, por el crimen de Osvaldo Miranda. En algo más de 90 páginas el Tribunal sostiene el homicidio por alevosía y como, Osvaldo Miranda, fue víctima de una planificada traición de su socio y amigo.
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Nacido en 1970 en Jovita, Javier Gallo a los 50 años de edad afronta, por ahora en libertad, un veredicto de cadena perpetua que debería cumplir, una vez que quede firme la sentencia a la cual seguramente la defensa apelará en los próximos días .

 En el Juicio realizado a fines de marzo en la Cámara del Crimen Primera de Río Cuarto los Jurados populares lo escucharon pronunciar al acusado, “…éramos carne y uña; nos visitábamos en nuestras casas”, “Yo no maté a mi amigo, a mi hermano”.-

Lo cierto es que a lo largo del Juicio quedó evidenciada y luego fundamentada por el Tribunal la investigación preparatoria llevada a cabo por el Fiscal huinquense, Dr. Marcelo Saragusti, sobre las causas que llevaron al trágico desenlace en la jornada del seis de noviembre de 2012.

Eran cerca  de las 17 horas de ese caluroso día martes, los mosquitos estaban insoportables, una camioneta Ford Ranger roja ingresa con dos hombres a bordo por la tranquera que da al norte del Campo San Javier (cercano a la localidad de Ranqueles) propiedad de Alfredo Gallo que fuera cedida en comodato a su hijo Javier para la explotación del predio rural.

El sol que se iba escondiendo entre algunos nubarrones de tono grisáceo hacía presagiar un triste desenlace, pero aun eso nadie lo sabía, al menos certeramente.

En el 2012 los hombres se conocían desde hacía nueve años,  tenían una amistad y, asimismo, desde el año 2003, los unía una relación comercial plasmada en un contrato de cría de hacienda en virtud del cual Miranda le entregó a Gallo animales vacunos y se pactaron las condiciones de pastoreo, aguadas y ganancias. Los animales en cuestión eran de propiedad de Elisa Bustamante, la esposa de Miranda y querellante en el Juicio.

El día anterior, es decir el lunes 5 de noviembre, Miranda alarmado lo había ido a buscar a Gallo para realizar el conteo y caravaneo de los animales para asegurarse de que la hacienda estaba completa. Miranda tenía proyectado dar un giro importante a su vida, vender los animales e irse a Mendoza como en una suerte de jubilación del trabajo de campo que lo había caracterizado por más de 40 años, pero algo lo carcomía: la duda de que su amigo y socio se había desprendido de parte de la hacienda.

Ese lunes Gallo le expresó a su amigo que se sentía descompuesto –había sido operado de vesícula el mes anterior- y que dejaran la actividad para el día siguiente. Entonces quedaron en que lo pasaría a buscar el martes 6 de noviembre a las 16.00 hs.

“Si me pasa algo, avísale a mi familia”

A todo esto un amigo de Miranda, Cristian Ojeda, recelando alguna tramoya por parte de Gallo, y temiendo que al día siguiente al descubrirse el faltante de hacienda pudiese haber algún conflicto, le pidió a su amigo que no fuese al encuentro porque “algo podía sucederle”.

“De hecho existían rumores en la Comuna sobre la posibilidad de que “lo hicieran cagar” si iba al campo Miranda, no obstante hacer caso omiso de las prevenciones del amigo, le pidió: “si me pasa algo, avísale a mi familia”

Sin embargo Miranda, se sabía un hombre muy meticuloso con su trabajo y responsable, pero sobre todo movilizado por el destino de la hacienda fue a la cita convenida con Gallo, sin saber que lo esperaba una trampa mortal.

El lazo que delató a Gallo

“Llevó preguntándome nueve años como pudo suceder”, pronunció Gallo al Jurado. ¿En verdad no lo sabia? 

El imputado en su defensa, relató que al arribar al campo, Miranda decidió capar terneros y comenzó la tarea de pialarlos valiéndose de un lazo.

Hubo momentos notables del Juicio que llevaron a echar por tierra muchas de las aseveraciones del acusado, entre ellas la de una desafortunada maniobra con el lazo que condujo a la muerte de Miranda, fue el uso del lazo y las explicaciones didácticas que condujeron a manera de una suerte de limpiaparabrisas hacia el Jurado, para lograr divisar la imposibilidad de que la muerte de Miranda fuera accidental.

Miranda tenía una gran destreza con el lazo y a decir de testigos, “Era extraordinario, no erraba nunca” además tampoco se hubiera animado a enlazar un animal de gran porte como es el toro en cuestión, sino no fuera desde arriba de un caballo. Otro dato revelador es que el lazo que Miranda usaba siempre para trabajos rurales estaba “prolijamente guardado en su camioneta”, es decir no lo había utilizado.

“No existen técnicas o parámetros de la física que puedan explicar este fenómeno, por lo que el perito no tiene conceptos científicos básicos como para explicar lo ocurrido a la víctima al tratar de enlazar un toro”, señaló en el Juicio, el perito de la Sección Físico Mecánica de la Dirección General de la Policía Judicial, Ingeniero Carlos Kaloustian.

Después vino en pleno auditorio una demostración más que elocuente del manejo del lazo que efectuó en la audiencia, Gonzalo Miranda, uno de los dos hijos de la víctima.

También quedó aclarado que esa fatídica tarde de noviembre Miranda no se puso a pialar y capar terneros, como señaló Gallo, simplemente porque el objeto de Miranda era contabilizar y caravanear la hacienda.

Además señalaron testigos que “el hombre jamás hubiera capado a sus animales en verano ya que no es la época ideal y, menos aún, en vísperas de un traslado para su venta” y esto se manifiesta de la siguiente manera en los fundamentos: “Los testículos de animal encontrados por los investigadores en una bolsa de tela improvisada (fabricada con la camisa de Gallo, en sus propios dichos), forman parte de la mise en scènemontada por el acusado a fin de simular un accidente rural con animales”.

Todo esto se sumó a las pericias psicológicas y forenses, resultados de la autopsia al cuerpo de Miranda, todo en detalle expuesto por profesionales en el Juicio.

Un detalle más, cuando la entonces Veterinaria municipal huinquense, Raquel Toselli, fue al campo “San Javier” días después del hecho acompañada del Fiscal y la Policía, el toro no fue encontrado, “ni vivo, ni muerto”

El final

Lo cierto es que resultaba casi imposible para Gallo justificar el faltante de 100 animales entre la vacunación de abril de 2012 y la que se realizó después de la muerte de la víctima, el 27 de diciembre de 2012. En cuanto a abril de 2012, el testigo Bertolotti –vacunador- señaló que había un total de 144 animales y, en la segunda, sólo 43. “La hacienda fue desapareciendo”.

Bajaron de la camioneta, se rociaron de repelente por los mosquitos que se venían en picada. Caminaron entre la maleza hacia los corrales, Osvaldo levantó la vista hacia donde estaban los animales y experimentado como era a simple vista confirmó sus peores presagios, segundos después cayó desmayado de un golpe en la cabeza.

Los demás es historia conocida, el propio Gallo enlazó al toro pampa, colocó el lazo en el cuello de Miranda, que ya no tenía capacidad de respuesta alguna, y azuzó al animal para que arrastrara unos 19 metros el cuerpo de su amigo hasta asfixiarlo por estrangulamiento.

Teniendo de su lado la ventaja de la amistad, Gallo escogió cuidadosamente la hora, el lugar, y golpeó con violencia sin sentir remordimiento alguno.

Mientras tanto el sol bañado en sangre, rumbeaba para el horizonte, augurando otro día ardiente.

Fuente: Ignacio Castro, para Cable digital

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