
El fallo argumentó que no corresponde otorgar beneficios a condenados por delitos contra los derechos humanos.


El cronista de TN, Sebastián Domenech, abrió su corazón al contar sobre su lucha por recuperar a sus mellizos de once años: “Me desespero por hacerme invisible y verlos de lejos”
Judiciales23/12/2021
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“El día que vea a mis tres hijos juntos va a ser el día más feliz de mi vida. Ahí voy a estar completo como hombre, padre y persona”, deseó el periodista Sebastián Domenech. Acostumbrado a ser él quien entrevista, esta vez pasó del otro lado del micrófono para contar su historia: hace seis años que no ve a Carolina y Maximiliano, sus hijos mayores de once años, luego de que su ex mujer le hiciera una denuncia y la Justicia pusiera una restricción.


En diálogo con Teleshow, recordó cómo fue la última vez que estuvo con ellos, cuando ya estaba separado hacía un año de la madre de los chicos: “El último contacto real fue un día en mi departamento, pasamos una linda tarde, me acuerdo que fue la primera selfie de Caro que me robó el teléfono”. Al día siguiente, quien había sido su pareja lo denunció y de ahí en más todo cambió.
El periodista de policiales recién empezaba a trabajar en TN cuando según su relato ella lo echó de la casa en la que vivían los cuatro. “Yo quería apostar a la familia”, recordó y dijo que durante los primeros meses tenían un régimen de visitas que ella incumplía hasta que un año después y de un momento a otro ella lo denunció: “Decía que le había pegado a uno de mis hijos. Se comprobó que era falsa. Cuando hay una acusación así, la justicia de familia activa protocolos y restricciones y ahora, la cautelar sigue vigente seis años después”.

Sebastián espera que de una vez por todas la jueza levante la restricción, aunque sabe que aunque eso pase, la revinculación con Caro y Maxi, como cariñosamente los llama, no será fácil después de tanto tiempo y que será un proceso. Como persona de los medios, entiende que hacer público su caso puede hacer, aunque no es lo correcto, que las cosas se aceleren. Sin embargo, no es por eso que decidió contar su historia: “Hablo porque crucé el límite, estoy cansado, peor no puedo estar y no me importa nada”.
Más allá del dolor por no poder ver a sus hijos y la tristeza que le genera que su familia no los pueda ver -en marzo falleció su hermano y no pudo despedirse de sus sobrinos- a Domenech le preocupa la situación de los mellizos que, según contó este año no fueron al colegio. “No sé cómo están hoy mas allá de que no van a escuela. Sospecho que están mal educados en una burbuja violenta, no están sociabilizados y no van a estar bien. Esto hay que desactivarlo y pueden estar bien el día de mañana, pero puede traer consecuencias lo que pasa ahora”.
“Tengo miedo”, sentenció y explicó: “Esto no está bien, no es normal y no le hace bien a un niño, no solo el (no) contacto con el papá, sino con la familia, tíos, los primos con los que se llevaban de diez. Y también está Sol, mi otra hija de cuatro años”.
Aunque es muy chica, el periodista le contó todo a la menor de sus hijas fruto de su relación con su colega Natalia Marquiegui, luego de que ella preguntara quiénes eran los nenes que estaban en las fotos en la casa de sus abuelos. Con ayuda de una psicóloga, comenzó a develarles la verdad. “‘Son Caro y Maxi, hijos míos’, le dije y entendió, después siguió con su juego y cada tanto sale el tema. Lo que no sé es si ellos saben de su hermanita”.

Con su hija más pequeña, inevitablemente rememora momentos vividos con los más grandes: juegos, las corridas cuando la va a buscar a la casa de sus papás en San Martín como lo hacía con ellos y hasta encuentra en ella gestos de su hermana.
Hace dos años que no los ve ni tiene ningún tipo de contacto con ellos. Anteriormente había habido algunos intentos fallidos de re vinculación: “Desde la denuncia hasta hace dos años las veces que los vi fueron en ese contexto, sin saludo, sin abrazo, sin nada, los nenes no me hablan porque están ahí con la madre, no es que yo los vi y nos abrazamos y jugamos dos minutos”.
Sin poder jugar, tocarlos o abrazarlos, pero extrañándolos profundamente y desesperado por verlos, fue una vez al colegio, para al menos sentirlos de lejos. “Fui al acto de fin de año y llegué sobre la hora apropósito para estar atrás y que no me vean y no se pongan mal, porque verme a mí delante de ella es una situación de nervios para ellos. Me vieron y fue raro, no se acercaron, parecía que hacía algo mal yo tratando de cuidarme. Eso no es verlos”, relató con tristeza.
El contacto telefónico tal cual habían acordado delante de las asistentes sociales tampoco funcionó. “Ella dijo que iba a atender cuando yo llamara, pero después se escuchaba que le preguntaba a los chicos si querían hablar y ellos decían que no y listo. Si ella quisiera comunicarme haría todo lo posible, les hablaría, hay maneras”.
Un episodio similar ocurrió cuando quiso llevarles un regalo y ante la negativa de la madre, decidió dejárselo a la directora de la escuela: “Les compré zapatillas, cuando dejo los paquetes una maestra me ve y resulta que era compañera mía de la secundaria, les dijo a los chicos ‘qué lindo, yo era amiga de su papá', ellos se lo contaron a su mamá y al día siguiente se armó un escándalo porque una maestra les había hablado de mí”.
¿En tanto tiempo nunca pensó en ir a buscarlos? “Me desespero. Tengo ganas de ir y hacerme invisible para verlos salir y mirarlos de lejos. Pienso en ellos todas las noches, uno labura va y vienen me encanta mi trabajo, pero no hay día que no piense en ellos. Voy a ser un hombre completo el día que vea a mis tres hijos juntos”.
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El fallo argumentó que no corresponde otorgar beneficios a condenados por delitos contra los derechos humanos.

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