


Martín Tacchini, el realiquense que viajó a Santiago del Estero para ver a Platense campeón
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REALICÓ | “Soy realiquense, pero nací en Buenos Aires. Mi viejo es de allá y siempre fue de Platense. Cuando mis padres se separaron, mi mamá se vino para acá, pero mi viejo seguía con su fanatismo, y yo, desde muy chico, empecé a ir a la cancha con él”, contó Martín. Así nació una pasión que lo marcó de por vida, y que se mantiene firme, a pesar de la distancia y las dificultades.
Según relató, es poco común encontrar hinchas de Platense en el interior del país. “La mayoría de los hinchas son de Buenos Aires o tienen raíces allá. Es raro que alguien elija ser de Platense por gusto sin tener alguna conexión previa. Es un sentimiento que se hereda”.
Como muchos otros “calamares”, Tacchini vivió con sufrimiento y paciencia los largos años en el ascenso. “Lo increíble es ver chicos que nacieron cuando Platense estaba en la B y que son igual de fanáticos que los grandes. Eso habla de una fidelidad única”.


Cuando Platense llegó a la final, la decisión de viajar no fue sencilla. “Siempre me faltaba algo. En 2018, cuando ascendimos, no pude ir. En otras finales tampoco. Esta vez dije: ‘de alguna forma tengo que estar’. Pedí permiso en el trabajo, mi señora me bancó después de un par de días de negociación… Hice los números y viajé solo, en colectivo”.
Martín partió el sábado por la noche, estuvo el domingo en el estadio y volvió el lunes a la madrugada. “Fue único. El ambiente era increíble. Compartimos colectivo con hinchas de Huracán, y destaco el respeto que hubo entre ambas parcialidades. Nos cruzamos en la terminal, en la previa, y todo fue en paz. Como debería ser siempre”.
A pesar de los nervios previos —“a las 11 de la mañana ya no aguantaba más”—, la emoción de vivir esa final fue indescriptible. “Cuando terminó el partido, lo primero que hice fue llamar a mi viejo. Estaba muy emocionado. También me reencontré allá con mi tío, que viajó desde Bariloche. Fue un momento muy fuerte. Muchos pensamos en los familiares que ya no están, como mi abuelo o el hermano de mi tío, que también eran hinchas y no pudieron ver a Platense campeón”.

El festejo, lejos de ser estruendoso, tuvo un tono íntimo y conmovedor. “Había mucho llanto, mucho recuerdo. No fue una celebración típica. Cada uno lo vivió de una forma muy personal, como una historia familiar que por fin tuvo su final feliz”.
Al regresar, Martín sintió que los planetas se habían alineado: “Se dio todo redondo. Viajé, estuve, vi a Platense campeón, lo compartí con mi familia. Fue perfecto”.
Hoy, esta historia también permite que otros hinchas del “Calamar” en el interior puedan encontrarse, reconocerse y compartir una pasión que, aunque minoritaria, es profundamente auténtica y está marcada por una lealtad que no entiende de categorías ni de distancias.






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