


Hazaña y tragedia en las altas cumbres: a 135 años del nacimiento de Benjamín Matienzo
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EFEMÉRIDES | Nacido en Tucumán en 1891, Matienzo personificó el espíritu audaz de los pioneros que, a principios del siglo XX, desafiaron los límites de la tecnología y la naturaleza para unir naciones a través del aire. Su historia, marcada por un coraje inquebrantable, terminó convirtiéndose en una de las tragedias más recordadas de nuestra historia aeronáutica.
Los inicios de un pionero
Benjamín Matienzo egresó del Colegio Militar de la Nación como subteniente del arma de ingenieros en 1910. Sin embargo, su verdadera pasión lo llevó a integrar la Escuela de Aviación, donde se formó junto a otros grandes nombres como Luis Cenobio Candelaria. En septiembre de 1917, obtuvo el título de Piloto Aviador N° 111, iniciando una carrera que lo vería unir por aire puntos distantes como El Palomar y San Miguel de Tucumán.



Foto real de Benjamín Matienzo
Para 1919, el gran desafío pendiente de la aviación regional era el cruce de la Cordillera de los Andes por su parte más alta, en la zona de Mendoza. Aunque otros pilotos ya habían logrado cruces por zonas más bajas o de manera individual, el objetivo de la Argentina era realizar la travesía en escuadrilla, una proeza técnica nunca antes intentada. Para ello, se designó al capitán Pedro Zanni, al teniente primero Antonio Parodi y al propio Matienzo.
El fatídico 28 de mayo
La mañana del miércoles 28 de mayo de 1919, los tres aviadores despegaron desde el campo de Los Tamarindos, en Mendoza, con la firme determinación de cruzar el macizo andino. Matienzo piloteaba un avión Nieuport 28 C1, una máquina limitada para las extremas condiciones climáticas de la alta montaña.

El avión Nieuport con el que intentó cruzar los Andes. Esta fotografía se publicó en Caras y Caretas cuando ya se sabía de su desaparición.
A poco de iniciar el vuelo, los aviones de Zanni y Parodi sufrieron fallas técnicas que los obligaron a regresar a la base. Sin embargo, Matienzo, conocido por su carácter decidido y testarudo, optó por continuar solo. Fue visto por última vez sobrevolando Puente del Inca y Las Cuevas a unos 6.000 metros de altura, enfrentando fuertes vientos y una incipiente nevada.
Tras cruzar las montañas a la altura de Potrero Escondido, se perdió todo rastro de él. Se cree que la falta de combustible y las condiciones meteorológicas adversas lo obligaron a intentar un aterrizaje de emergencia en plena cordillera, con la esperanza de regresar a pie hacia Las Cuevas.
El hallazgo del cuerpo y el misterio del avión
Durante meses se realizaron intensas búsquedas sin éxito. Recién el 18 de noviembre de 1919, el cuerpo de Matienzo fue hallado por un subcomisario de Las Cuevas. El aviador estaba sentado, recostado sobre una piedra a pocos metros de un refugio minero. El desgaste de sus botas indicaba que había caminado aproximadamente 15 kilómetros tras el aterrizaje, luchando contra la nieve y el frío extremo. Agotado, se sentó a descansar y murió por congelamiento debido a las bajísimas temperaturas.

Postal de la patrulla con el cuerpo de Matienzo. Era celosamente guardada por su sobrino Alvaro de Zavalía
Junto a él se encontraron sus pertenencias personales: un revólver con dos cápsulas vacías, su billetera, un billete de lotería y un recorte de diario sobre vuelos trasandinos. Su avión, sin embargo, permaneció desaparecido por décadas. Recién el 4 de febrero de 1950, una patrulla militar encontró los restos del Nieuport a 4.500 metros de altura, cerca de la frontera. El estado del motor confirmó que Matienzo había logrado realizar una maniobra de aterrizaje brillante en un terreno casi imposible, lo que agigantó aún más su leyenda.
Hoy, el aeropuerto de su Tucumán natal lleva su nombre, al igual que numerosos monumentos que honran la memoria de aquel joven de 28 años que entregó su vida persiguiendo el sueño de conquistar los cielos andinos.












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