


Realicó celebra 116 años de su Biblioteca Popular y poco más de un siglo de su edificio propio
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REALICÓ | La biblioteca nació prácticamente junto con Realicó. Apenas tres años después de la fundación del pueblo ya existía una biblioteca. Era 1910, y aquella institución incipiente funcionaba en espacios prestados o alquilados, trasladándose con el tiempo por distintos puntos del ejido urbano: primero por calle Mullally, luego en un local de la firma Viano, después en un comercio Magi donde funcionaba en un segundo piso al que se accedía por una escalera de madera estrecha e incómoda, y finalmente frente a lo que hoy es la Escuela Nº 34. Cada mudanza era la expresión de una necesidad que la comunidad tenía clara: la biblioteca merecía una casa propia.
Esa casa llegó el 25 de mayo de 1925. No fue casualidad la fecha elegida. Quienes tomaron la decisión eran visionarios que entendían el peso simbólico de inaugurar un templo del saber precisamente el día de la Patria. El terreno fue posible gracias a una donación parcial de don Tomás Mullally, y la construcción se financió con aportes y donaciones de entidades públicas y privadas, con el trabajo de los socios y el compromiso de los vecinos.


La licitación la ganó el señor Feroglio, y los pisos fueron obra del señor Pusterla. Lo que se levantó fue, para la época, una obra extraordinaria: diez metros de frente por seis de fondo y una fachada que aún hoy detiene a cualquiera que pase frente a ella.
Un patrimonio arquitectónico que el tiempo no ha logrado borrar. La puerta principal siempre nos invita a elevar la mirada ante un ingreso de doble altura con una escalinata de tres escalones de mármol, los ventanales acompañan un enmarcado riguroso de ángulos rectos que rematan con una cornisa y guirnaldas con motivos vegetales. La fachada es hoy prácticamente idéntica a la de aquel 25 de mayo de 1925. Lo único que se le incorporó con el tiempo fue iluminación nocturna, que convierte al edificio en una postal inevitable de la noche realiquense.
Esa preservación no fue casual ni sencilla. Generaciones de socios, comisiones directivas y bibliotecarias resistieron la tentación de lo práctico. Los ventanales de hierro originales, pesados y difíciles de manipular, siguen siendo los mismos de hace un siglo. Nunca se cedió al aluminio más liviano y moderno. Los arquitectos que han visitado la institución coinciden en que está muy bien construida y que tiene edificio para rato. Incluso su altura la protege de eventuales inundaciones, un detalle de previsión notable para la época.
El edificio alberga, además, un busto de Nicolás Avellaneda, presidente de la República, que forma parte del patrimonio histórico de la institución junto con el mobiliario original del ingreso, que también se conserva intacto.
Lejos de ser un museo estático, la Biblioteca Popular de Realicó pulsa con vida cotidiana. Recibe pasantes de la Universidad Nacional de La Pampa, estudiantes de la carrera docente del polo educativo de Colonia Varón, niños acompañados por sus familias, y es sede de presentaciones de libros.
116 años de historia, 101 de edificio propio, un 25 de mayo como escenario y una comunidad que la sostiene. Realicó tiene en su biblioteca uno de sus bienes más preciados, y este lunes tiene una razón más para estar orgullosa de él.















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