


Los que pagan el precio del paro son los estudiantes
InfoTec 4.0






LA PAMPA | Hay una verdad que se repite en cada conflicto universitario y que suele quedar sepultada bajo los comunicados sindicales y las disputas políticas: los que realmente pierden cuando paran las universidades son los estudiantes. Esos jóvenes y no tan jóvenes que se levantan temprano, que organizan su vida entre el trabajo y la facultad, que pagan alquiler en otra ciudad o que viajan kilómetros para llegar a cursar. Para ellos no hay insistencia parlamentaria, no hay expediente en la Corte Suprema, no hay plan de lucha que los compense por las clases que no tuvieron.
Este lunes comenzó en la Universidad Nacional de La Pampa un paro de actividades de cinco días impulsado por la Asociación de Docentes Universitarios, el gremio que representa al cuerpo docente de la casa de altos estudios pampeana. La medida se extenderá hasta el sábado 30 de mayo y tiene como trasfondo el reclamo por la implementación de la Ley de Financiamiento Universitario, vetada por el presidente Javier Milei pese a haber sido ratificada por ambas cámaras del Congreso con mayorías especiales y pese a que la Justicia ordenó su aplicación. El caso se encuentra actualmente en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
El conflicto tiene su lógica y sus razones. Los docentes reclaman por una ley que fue votada, ratificada y ordenada cumplir, y que el Ejecutivo se niega a aplicar. Es un reclamo legítimo que atraviesa a todo el sistema universitario nacional. Pero esa legitimidad no borra el hecho concreto e inapelable de que esta semana habrá alumnos de la UNLPam que llegarán a la facultad para encontrar las puertas cerradas o las aulas sin docentes.


El viernes 29 la situación se agravará aún más: al paro docente se sumará una medida de fuerza del personal no docente nucleado en Apulp, que también se ausentará de sus lugares de trabajo. Eso significa que ese día la actividad en la universidad será prácticamente inexistente, sin clases, sin servicios administrativos y sin los apoyos que hacen posible el funcionamiento cotidiano de la institución.
Nadie debería perder de vista que detrás de cada jornada de paro hay programas que se atrasan, parciales que se reprograman, cursadas que se estiran y calendarios académicos que se comprimen. Para el estudiante que trabaja y estudia, cada clase perdida es un esfuerzo extra que deberá hacer después. Para el que viene del interior de la provincia a cursar, es un viaje en vano. Para el que está por rendir un final, es tiempo de preparación que se escurre en medio de una pelea que no eligió protagonizar.
El debate por el financiamiento universitario es necesario y urgente. Pero mientras los poderes del Estado se cruzan acusaciones y el expediente avanza lentamente en la Corte, las aulas pampeanas permanecen vacías. Y eso tiene un costo real, concreto y humano que no aparece en ningún comunicado de prensa.













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