


900 días sin ver a su hija: padre reclamó con un cartel en la calle por la niña
InfoTec 4.0






SAN RAFAEL | Pablo pidió perdón antes de empezar a hablar. Sabía que se iba a quebrar. Y se quebró. Pero eligió hablar igual, porque 900 días de silencio forzado son demasiados y porque hay una niña de 10 años que se llama Victoria y que, según él, no está bien. Por eso salió a la calle con un cartel. Por eso decidió que su dolor tiene que ser visible.
"Hace 900 días no puedo ver a mi hija ni hablarla por un simple capricho de la mamá", dijo Pablo con la voz entrecortada, parado frente a una cámara que quizás llegue a donde la justicia todavía no llegó. No es un número abstracto. Son 900 días sin un abrazo, sin una llamada, sin saber de primera mano cómo está su hija. Novecientos días en los que él, según afirma, siguió cumpliendo con todas sus obligaciones como padre, como las cumplió desde que Victoria era una bebé hasta que la vio por última vez, a sus 7 años.
Pablo vive en San Rafael, Mendoza. Victoria vive en Monte Comán con su madre. La distancia geográfica podría salvarse, pero hay una distancia mucho más difícil de cruzar: la que construyó, según denuncia el padre, un entorno que le enseñó a la niña a tenerle miedo a alguien que solo quiere abrazarla. "A la niña le han dicho que yo estoy loco, que estoy preso. No estoy preso", dijo Pablo, y en esas palabras cabe toda la impotencia de un padre al que le robaron el lugar en la vida de su hija.

La causa judicial existe. Hay un expediente, hay pruebas, hay pericias. La jueza interviniente es Andrea La Montagna, a quien Pablo le pide públicamente que tome una decisión de una vez por todas. "Ya tiene todas las pruebas, ya comprobó que la niña está totalmente alienada, con un lavado de cabeza tremendo, un daño psicológico tremendo", afirmó. Desde la justicia, según explicó, se le recomienda no acercarse hasta que haya una revinculación asistida, pero esa revinculación no puede concretarse porque la madre no se presenta a las instancias judiciales. Un círculo del que Pablo no puede salir y Victoria tampoco.
Las denuncias van más allá de la obstrucción del vínculo. Pablo afirma que su hija convive con personas que la maltratan psicológicamente y que consumen drogas, y asegura que todo eso también está documentado en la causa. "Me hago cargo de lo que digo porque eso también está denunciado. Y la justicia, pese a tener todo probado, no hace nada", remarcó con una mezcla de dolor y hartazgo que no necesita explicación.
Por eso salió a la calle. No para presionar a nadie, dice él, sino para que la historia de Victoria no quede sepultada en un expediente. "No quiero ser un papá más que después salga en las noticias llorando y lamentando que pasó algo con su hija", explicó, con una lucidez que duele porque detrás de ella hay un miedo concreto, real, el miedo de un padre que siente que el tiempo corre y que su hija lo necesita.
Al final de la charla, le preguntaron qué le diría a Victoria si ella lo estuviera viendo. Pablo no dudó un segundo. "Que te amo, hija. Te estoy buscando, hija. Te necesito, hija. Necesito volver a verte, volver a abrazarte. Te amo, hija." Y ahí sí se quebró del todo. Como cualquier padre se quebraría.






Comenzó el velatorio del Indio Solari en Avellaneda y una marea humana le da el último adiós

El Indio Solari será velado en Parque Domínico, Avellaneda con un despliegue de 1500 efectivos de seguridad

Finalmente, la despedida del Indio Solari será el domingo en un lugar a definir


Muerte del Indio Solari: detalles de la fiscalía sobre cómo fue encontrado









Riestra quiere a Tim Payne, el futbolista viral que revolucionó las redes


"No es hambre, es crueldad": mataron una yegua mansa a tiros y solo se llevaron dos lomos













