


¡Feliz cumple campeón! Messi sopló 39 velitas soñando con la gloria eterna
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USA | Como ya es costumbre cada mediados de junio, el festejo se vivió dentro de la propia delegación, con una torta y el cariño de sus compañeros entonando las canciones de siempre en plena noche de concentración. Y es que pocos cumpleaños pueden estar tan cargados de significado como este: apenas dos días antes, ante Austria, Messi había vuelto a hacer historia, consagrándose en soledad como el máximo goleador en la historia de los mundiales, con 18 conquistas que llevan su firma inconfundible.
El capitán llega a sus 39 años intacto, lúcido y hambriento de gloria, a solo tres días de un compromiso clave: este sábado 27 de junio, a las 23:00, la Argentina buscará sellar su paso a los dieciseisavos de final ante Jordania, con la ilusión del bicampeonato cada vez más cerca.



No es la primera vez que el destino le regala a Messi un cumpleaños vestido de celeste y blanco: es la undécima ocasión en que el rosarino celebra su nacimiento mientras defiende los colores argentinos en una competencia oficial, algo que ocurrió en cada uno de los seis mundiales mayores que disputó, en el Mundial Sub 20 de 2005 y en las últimas cinco Copas América.
Y como si el tiempo no pasara para él, hoy atraviesa, según el consenso futbolístico, el mejor arranque de su carrera en una Copa del Mundo: liberado de presiones, disfrutando cada toque de pelota como un chico de potrero, ya lleva en su cuenta los cinco goles que la Selección anotó hasta el momento en el certamen, con un hat-trick inolvidable frente a Argelia y un doblete antológico ante Austria. Números que confirman lo que todo el país sabe desde hace años: que tiene la fortuna de ver jugar, en su propia época, al mejor futbolista de la historia.
Pocos como Messi conocen tan bien el camino del sacrificio y la gloria. Nacido en 1987 en Rosario, cuna de tantos cracks argentinos, mostró desde sus primeros pasos en Newell's Old Boys una habilidad que parecía no pertenecer a este mundo. A los 13 años, una adversidad de la vida lo obligó a dejar el país: un trastorno hormonal que comprometía su crecimiento y que el club de sus amores no pudo solventar.

Ni siquiera la posibilidad de jugar en River logró torcer la voluntad de la familia Messi, fiel a sus colores. Así, padre e hijo cruzaron el océano hacia el FC Barcelona, donde tras dos semanas de prueba, el secretario técnico Carles Rexach no dudó en sellar su futuro con un pacto histórico, redactado en una servilleta, que cambiaría el fútbol mundial para siempre.
Lejos de su tierra, "la Pulga" jamás perdió lo que lo hacía único: su gambeta endiablada, su tonada inconfundiblemente rosarina y, sobre todo, las ganas inquebrantables de jugar para la Argentina, al punto de rechazar reiteradas convocatorias de la selección española hasta que, en abril de 2004, llegó por fax el llamado que tanto esperaba: la Sub 20 albiceleste.
Debutó en Primera con el Barcelona el 16 de octubre de aquel año, ante el clásico rival español, y marcó su primer gol el primero de mayo de 2005 frente al Albacete, con la complicidad de Ronaldinho, quien vio en aquel pibe algo que pocos pudieron anticipar.
En el club catalán, entre 2004 y 2021, Messi construyó una carrera sin parangón: de extremo desequilibrante se transformó, desde la temporada 2009/2010, en un goleador implacable, además de un maestro de la pelota detenida y, con los años, en el gran arquitecto del juego de su equipo. Ganó 34 títulos, incluidas cuatro Champions League, y firmó la temporada más prolífica de la historia del fútbol en 2011/2012, con 84 goles en 70 partidos.
A eso se suma otra marca imborrable: 91 goles en el año calendario 2012, un récord histórico absoluto que ningún futbolista del planeta logró igualar. Ocho Balones de Oro —más que cualquier otro jugador en la historia— y tres premios The Best terminan de pintar el cuadro de una grandeza que, sin embargo, durante años pareció esquivar a la camiseta argentina.

Porque la gloria con la Selección le costó, y mucho, antes de llegar. Hasta 2021, el orgullo nacional solo contaba con el oro olímpico de Pekín 2008 y el Mundial Sub 20 de 2005, mientras el corazón argentino se rompía una y otra vez: la final del Mundial 2014 ante Alemania, dos finales de Copa América consecutivas ante Chile en 2015 y 2016, y aquella temprana final de 2007 frente a Brasil. Dolores que llevaron a Messi a alejarse por un tiempo del seleccionado, en uno de los capítulos más tristes para los hinchas argentinos.
Pero el fútbol, sabio como es, le tenía guardada una revancha histórica. En la Copa América de Brasil 2021, de la mano de Lionel Scaloni, la Argentina —en plena pandemia y bajo el formato de burbujas sanitarias— avanzó invicta de la fase de grupos, con Messi anotando frente a Uruguay, Paraguay y Bolivia, y empatando ante Chile. Tras golear 3 a 0 a Ecuador con un golazo de tiro libre sobre la hora, el equipo argentino se impuso a Colombia en una vibrante tanda de penales, con un Dibu Martínez que empezaba a forjar su propia leyenda, y finalmente derrotó a Brasil en la final, con un golazo de Ángel Di María, rompiendo así una sequía de 28 años sin títulos que parecía eterna para el pueblo argentino. Las lágrimas de Messi levantando esa copa quedarán para siempre en la memoria colectiva del país.

El envión siguió con una goleada 3 a 0 sobre Italia en la Finalissima, y la Argentina llegó al Mundial de Qatar 2022 como una de las grandes candidatas, sosteniendo una racha de 35 partidos sin perder que se quebró de manera sorpresiva en el debut, con una dolorosa caída ante Arabia Saudita. Pero ahí también se vio la madera de los campeones: Messi, como capitán, prometió que el equipo no dejaría tirada a la gente, y la palabra se cumplió con creces. Tras superar a México y Polonia, llegaron triunfos ante Australia, Países Bajos, Croacia y Francia, en una campaña que terminó bordando la tercera estrella en el escudo más amado de la Argentina.
Aquel Mundial, que muchos creyeron sería el último de su carrera, fue una despedida soñada: gol de penal ante Arabia Saudita, el desahogo total ante México en un partido que la Selección no podía perder, su primer tanto en una instancia eliminatoria mundialista frente a Australia, dos conquistas de penal en las rondas siguientes y, en la final más recordada de la historia argentina, dos goles más para sellar una actuación de leyenda. Todo un país, de norte a sur, lloró de alegría aquella tarde de diciembre.
En 2024, ya como jugador del Inter Miami, Messi disputó la Copa América de Estados Unidos con un rendimiento más discreto, marcando un solo gol y debiendo abandonar la final por una lesión que le arrancó lágrimas de impotencia frente a todo el continente. Aun así, nada empaña una trayectoria que es, sin exagerar, motivo de orgullo nacional: un capitán que llevó a la Argentina a la cima del mundo y que, a sus 39 años, sigue regalando alegrías con la misma humildad y el mismo amor por la camiseta de siempre.
Como si la vida quisiera redondear un cumpleaños inolvidable, horas antes de soplar las velitas, Messi recibió la mejor de las noticias en el plano familiar: su padre, Jorge, obtuvo el alta médica tras varios días de internación y continúa su recuperación en Rosario, la misma tierra que vio nacer al más grande.












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