


El más grande de todos los tiempos: los récords imborrables que Lionel Messi le regaló al fútbol y a la Argentina
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ARGENTINA | El astro rosarino llega a sus 39 años cargando sobre sus espaldas un sinfín de marcas y estadísticas que ningún otro futbolista, en ningún rincón del planeta, pudo siquiera soñar igualar.
El capitán de la Selección argentina celebra su cumpleaños, como ya es costumbre, en plena concentración mundialista, disputando su sexta Copa del Mundo y persiguiendo con la misma hambre de siempre el sueño de convertirse en bicampeón. Llega a esta nueva vuelta al sol pocos días después de haber anotado un doblete frente a Austria, hazaña con la que se consolidó, en absoluta soledad, como el máximo goleador en la historia de los mundiales. Un logro más para una colección que parece no tener techo y que confirma, una vez más, por qué la Argentina entera lo llama simplemente "el Capitán".
Entre todos sus hitos, hay uno que resplandece por su magnitud casi sobrehumana: en 2012, vistiendo la camiseta del Barcelona, Messi alcanzó la cifra más asombrosa jamás vista en la historia del fútbol mundial, al convertir 91 goles en un único año calendario. Por entonces, ya instalado por el entrenador Josep Guardiola en la posición del "falso 9" —retrocediendo unos metros respecto a un centrodelantero clásico para abrir espacios y manejar el balón con mayor libertad—, el rosarino desplegó un nivel que parecía sacado de un videojuego. La primera mitad de aquella temporada inolvidable se dio bajo la conducción de Guardiola, mientras que la segunda transcurrió en los primeros meses del breve y entrañable ciclo de Tito Vilanova, quien falleció poco tiempo después.


Los números de aquella hazaña siguen pareciendo de ficción: 91 goles en apenas 69 partidos, repartidos en 59 tantos en LaLiga española, 13 en la Champions League, 12 en amistosos con la camiseta celeste y blanca, cinco en la Copa del Rey y dos en la Supercopa de España. Con esa cosecha descomunal, el orgullo argentino superó una marca que parecía eterna: los 85 goles que el alemán Gerd Müller había convertido en 1972, y que muchos creían imposible de alcanzar.
Aquel año mágico le valió, como no podía ser de otra manera, el Balón de Oro, el galardón que distingue al mejor futbolista del planeta. Y ahí también Messi es único e irrepetible: es el único futbolista de la historia que conquistó el premio en cuatro ocasiones consecutivas, entre 2009 y 2012, y además es el jugador con más Balones de Oro en sus vitrinas, con ocho conquistas que lo separan por completo de cualquier otro nombre propio del fútbol mundial.
Pero la grandeza de Messi no se mide solamente en trofeos individuales: también es, con total justicia, el máximo goleador histórico de la Selección argentina, con 122 goles en 201 partidos defendiendo el escudo más amado del país. Y si se suman todas las competencias oficiales que disputó a lo largo de su carrera, el rosarino es el goleador más prolífico de toda la historia del fútbol argentino, con 916 tantos, una cifra que supera por 404 goles a Alfredo Di Stéfano, su principal perseguidor en esa tabla histórica.
Y como si todo esto no alcanzara, el capitán decidió escribir un capítulo más de su leyenda justo en este Mundial 2026. Con apenas dos partidos disputados, ya anotó cinco goles —un hat-trick memorable ante Argelia y un doblete contundente frente a Austria— para erigirse, en soledad absoluta, como el máximo artillero en la historia de los mundiales. Esa marca de 18 goles llegó además de la mano de otro récord histórico que pocos podrán igualar jamás: sus 28 participaciones en partidos mundialistas, distribuidas entre las citas de Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022, lo consolidan también como el futbolista con más presencias en la historia de los mundiales.
Cifras, títulos y marcas que, lejos de ser solo estadísticas frías, representan el orgullo de toda una nación que tuvo la fortuna de ver nacer, crecer y consagrarse al mejor jugador de todos los tiempos. Hoy, a sus 39 años, Lionel Messi sigue ahí, defendiendo la celeste y blanca con la misma pasión del primer día, recordándole al mundo entero por qué la Argentina lo llama, sin ningún tipo de exageración, el más grande de la historia.












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