


45 años del Aeroclub Realicó y 80 del único Cessna 120 del país
InfoTec 4.0






REALICÓ | Este 5 de septiembre, el Aeroclub Realicó celebra un nuevo aniversario de su fundación. Con apenas 45 años de vida, se trata de uno de los aeroclubes más jóvenes del territorio pampeano, aunque eso no le impidió convertirse en un verdadero referente de la aviación civil en el centro del país, gracias a su estratégico enclave sobre la Ruta Nacional 188, en su intersección con la Ruta Provincial 101, al sudeste de la ciudad de Realicó. Su ubicación, casi a mitad de camino entre Buenos Aires y Mendoza, y también en un punto intermedio entre el norte y el sur del país, lo convirtió en un punto elegido por pilotos para realizar detenciones técnicas programadas y recargas de combustible.
A lo largo de estos 45 años, la institución supo sortear los vaivenes económicos que tanto golpean a la aviación civil en la Argentina, sosteniendo con altibajos una activa escuela de vuelo que lleva el nombre del teniente Jorge Vázquez, héroe de la Patria caído en Malvinas mientras volaba su A4 durante el conflicto de 1982. Esa escuela hizo realidad el sueño de volar de numerosos jóvenes de Realicó y de toda la región, algunos de los cuales hoy consolidaron una destacada carrera profesional volando para la línea de bandera nacional, mientras que otros encontraron su rumbo en la actividad agrícola aérea, más afín a sus ansias de adrenalina cotidiana, y otros simplemente siguen disfrutando del placer de compartir el vuelo con los demás.
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Sobre cómo nació la institución, uno de sus expresidentes hoy ya desaparecido, Luis Barea le contaba a Infotec hace algunos años, que el proceso fue inverso al de la mayoría de los aeroclubes del país: primero existió la pista asfaltada, construida por el Gobierno de aquel entonces a principios de los años 80, y recién unos tres años después se fundó el Aeroclub. "Se juntaron unas cuantas personas, alrededor de 20 o 30, y se formó. Arrancó de la nada, no había nada, ni perforación de agua, ni siquiera los terrenos, nadie sabía nada", relató Barea sobre aquellos primeros pasos, marcados por la voluntad de un grupo de soñadores dispuestos a poner el hombro por la aviación local.

Algunos de los pioneros
La construcción del hangar que hoy cobija a las aeronaves también tiene su propia historia. Según recordó Barea, todo comenzó durante la primera presidencia de Raúl Mattio, con la participación de otros integrantes fundadores como "Bebe" Pucheu y Santiago Genovesio, muchos de los cuales ya no están entre nosotros. De aquella primera comisión surgió la idea de juntar dinero poniendo cada uno una parte de su bolsillo, lo que permitió levantar las paredes del edificio, que quedó en stand by hasta que una nueva comisión retomó el proyecto, cerró la estructura, colocó los portones, techó el hangar y construyó la sala de reuniones.
Pero a la institución todavía le faltaba lo más importante: contar con un avión propio. Según relató Barea, comenzaron a organizar almuerzos con tarjetas y hasta rifaron una moto para reunir fondos, hasta que en 1985 lograron comprar un Macchi MB 308. "Ahí fue el gran evento en el pueblo, teníamos Aeroclub y teníamos avión", recordó con orgullo. La búsqueda de esa primera aeronave no fue sencilla: primero habían avanzado en la compra de un PA 11 en la localidad de Rojas, pero la comisión y el tesorero no autorizaron el gasto para evitar endeudar a la institución. Finalmente encontraron el Macchi, que pertenecía al Aeroclub de Villa Gesell y se encontraba con la hélice siniestrada en un taller de San Fernando, tras un incidente con la rueda de nariz. Lo adquirieron por 5.900 australes, unos 6.500 dólares de la época, y lo trajeron volando hasta Realicó junto al primer instructor de la institución, Troncoso, en un viaje de menos de tres horas, aseguró.

El Macchi MB 308 ya en suelo realiquense
Más allá de esa primera aeronave, hoy el verdadero orgullo del Aeroclub Realicó es otro: se trata del único Cessna 120 que ingresó a la Argentina, una máquina fabricada en 1946 que cumplió 80 años a fines de agosto pasado. Gracias a una restauración completa, sumada a las revisiones complementarias obligatorias indicadas por la propia marca Cessna, hoy la aeronave luce impecable y vuela, según remarcan en la institución, mejor que recién salida de fábrica. Su particular tren de aterrizaje de flejes la convierte en un exigente entrenador, al punto que entre los pilotos circula la frase de que "el que aprende a volar en un Cessna después vuela cualquier cosa".
A diferencia de sus hermanos mayores como el Modelo 140, el 120 no posee flaps, y en su versión original tampoco contaba con sistema eléctrico, por lo que hasta el día de hoy debe encenderse "a pala", es decir, con alguien girando la hélice manualmente con la fuerza de sus manos, en un gesto de puro romanticismo aeronáutico que convierte cada vuelo en un verdadero salto en el tiempo.

La historia de esta aeronave tiene, además, un capítulo fascinante que la conecta con una de las tradiciones más curiosas de la aviación argentina. El Cessna 120 del Aeroclub Realicó perteneció originalmente a los hermanos Siro Alberto y Aldo Comi, pioneros de la publicidad aérea con humo en el país, quienes lo utilizaron para escribir mensajes comerciales en el cielo de pueblos y ciudades de todo el territorio nacional. Para lograrlo, habían montado en la plaza del pasajero parte del equipo fumígeno que alimentaba el sistema instalado en los escapes del avión, capaz de generar esas vistosas estelas de humo blanco que se transformaban en palabras sobre las cabezas de miles de argentinos, entre ellas la de "Safac", una popular marca de yerba mate de mediados del siglo pasado.
Siro Comi, nacido en 1910 en la localidad cordobesa de Sampacho, había comenzado esta actividad hacia fines de la década de 1930, luego de ver en Argentina a pilotos extranjeros que realizaban festivales aéreos con humo de colores. Tras experimentar con distintos productos, descubrió que el aceite usado era el más económico y el que mejor humo generaba, y aprendió a "escribir" en el cielo practicando primero con una bicicleta a la que le ató un tarro con cal, ensayando los trazos como si escribiera al revés sobre un vidrio. Volaba a unos 2.000 o 3.000 metros de altura, buscando corrientes de aire estables y días de cielo despejado, guiándose por vías férreas, rutas y avenidas para trazar sus letras. En 1948, la Dirección General de Aeronáutica Comercial le otorgó formalmente la autorización para realizar este tipo de vuelos publicitarios en todo el territorio nacional.

Eulogio Walsh, Jorge “Buby” Walsh, Siro Comi (padre) y Aldo Comi en el Aeródromo Monte Grande 1950 con la misma aeronave.
Con el correr de los años, se sumó a la actividad su hermano Aldo, nacido también en Sampacho, quien continuó los vuelos publicitarios hasta fines de la década de 1960 utilizando este mismo monomotor Cessna, identificado en aquella época con la matrícula LV-NGO, fuselaje de aluminio y capó pintado de verde, hoy rojo. Aldo llevó los mensajes de Safac, pero también de otras marcas como Geniol, General Electric, Saccol, Pepsi, Odol y crema Nivea, recorriendo pueblo por pueblo y provincia por provincia, en giras que generaban una enorme expectativa popular: cada localidad esperaba la llegada del "avioncito de Safac", que muchas veces debía aterrizar directamente sobre campos o caminos de tierra ante la falta de pistas adecuadas. Para dar una idea de la magnitud de aquellos anuncios, a 3.000 metros de altura, el simple palote de la letra P de Pepsi llegaba a medir 600 metros de largo.

Nótese el avión al final de la marca SAFAC en una publicidad gráfica de la época
Hoy, ocho décadas después de haber salido de fábrica y luego de haber recorrido buena parte del cielo argentino escribiendo mensajes publicitarios, ese mismo Cessna 120 vuela restaurado desde el hangar del Aeroclub Realicó, convertido en una verdadera pieza viva de la historia de la aviación nacional. La institución, además, opera en un aeródromo propiedad del municipio, construido a principios de los años 80, con una pista asfaltada de 900 metros de largo por 23 de ancho, rodaje y plataforma también asfaltados. A fines de 2019, gracias a una gestión de la Federación Argentina de Aeroclubes (FADA), se logró instalar un sistema de balizamiento diseñado y fabricado íntegramente en la Argentina, en la mítica Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) de Córdoba, lo que le otorgó al aeródromo la capacidad de operar las 24 horas del día, una herramienta hoy muy utilizada para partidas y arribos nocturnos.

En sus 45 años de historia, el Aeroclub Realicó atesora así muchas más anécdotas que las que caben en cualquier crónica: la de aquellos primeros soñadores que levantaron un hangar de la nada, la de quienes juntaron peso a peso para comprar la primera máquina voladora, y la de un pequeño avión de 1946 que hoy, restaurado y en perfecto estado, sigue surcando los cielos del centro del país, recordando con cada vuelo aquella época en la que un "avioncito" era capaz de maravillar a pueblos enteros escribiendo palabras entre las nubes.












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