Alarma en las escuelas: 6 de cada 10 chicos sufren agresiones o discriminación por parte de sus compañeros
EDUCACIÓN | Lejos de tratarse de situaciones excepcionales, los conflictos y episodios de exclusión forman parte de la vida cotidiana en muchas aulas del país. El informe –realizado por Mercedes Sidders (IPA), María Sol Alzú y Leyre Sáenz Guillén (Argentinos por la Educación)– analiza cómo perciben el clima escolar los propios estudiantes de 6° grado.
Aunque en general los alumnos valoran positivamente a la escuela como espacio de socialización –el 99% afirma tener amistades, el 94% se siente cómodo con el personal docente y más del 90% dice sentirse bien y contenido–, el informe revela una realidad mucho más compleja: el 56% de los chicos dijo haberse sentido excluido alguna vez, el 40% incómodo o fuera de lugar, y el 36% señaló haberse sentido solo.
Las situaciones de discriminación se presentan de forma extendida, con fuertes variaciones según la provincia y el tipo de escuela. Las cifras más altas se registran en Chaco (49%), Santiago del Estero (46%) y La Rioja (45%). En las escuelas estatales, el 42% de los estudiantes reporta haber sido discriminado, mientras que en las privadas la cifra desciende al 21%.
Los principales motivos señalados por los estudiantes son el aspecto físico, los gustos personales y la orientación sexual o identidad de género.
Por otro lado, el 56% de los alumnos dijo haber presenciado agresiones entre pares durante el último año y el 34% reconoció haber agredido a algún compañero. Si se toman en cuenta todos los tipos de violencia –como mentiras, amenazas, robos, insultos o golpes–, más de 6 de cada 10 chicos afirmaron haber sido víctimas.
Frente a estas situaciones, las escuelas suelen recurrir a mecanismos tradicionales como la intervención del equipo docente o reuniones con las familias, medidas que si bien son necesarias, no logran abordar de fondo las causas de los conflictos.
En ese sentido, el informe destaca que las estrategias más efectivas para mejorar la convivencia son las que promueven vínculos positivos, el desarrollo de habilidades socioemocionales, la formación de docentes en gestión emocional, la incorporación de contenidos sobre empatía, regulación emocional y resolución pacífica de conflictos, y la implementación de prácticas restaurativas como los círculos de diálogo. Sin embargo, estas políticas siguen siendo poco frecuentes en las aulas argentinas.
“Muchas veces la respuesta institucional es fragmentada. Necesitamos enfoques integrales que transformen las normas que habilitan el conflicto y promuevan comunidades escolares más seguras e inclusivas”, subraya Mercedes Sidders, una de las autoras del estudio.
Pablo Mainer, fundador de la Alianza Anti Bullying Argentina, advierte que “las medidas aisladas no alcanzan” y que es imprescindible “un abordaje sistémico que fortalezca los vínculos en toda la comunidad educativa”.
Alejandro Castro Santander, director del Observatorio de la Convivencia Escolar de la UCA, va más allá: “Cada aula es una pequeña república donde cada diferencia enriquece. Las estrategias integrales pueden reducir la violencia hasta un 42% si logramos incluir las habilidades socioafectivas en el corazón de la currícula”.
Por su parte, Paola Zabala, directora de la Comunidad Antibullying Argentina, concluye: “El derecho a aprender solo se cumple si también se garantiza el derecho a sentirse seguro, incluido y valorado”.