


La urea frena al trigo: se esperan 500.000 hectáreas menos en la próxima campaña
InfoTec 4.0






TRIGO | El campo argentino enfrenta una paradoja difícil de resolver de cara a la próxima campaña triguera. Las condiciones de suelo y clima son las mejores que se recuerdan en al menos una década, con reservas hídricas superiores incluso a las del ciclo 2021/22, que derivó en una cosecha histórica de 29,5 millones de toneladas.
Sin embargo, ese escenario climático favorable choca de frente con una realidad económica que no cierra: el precio de la urea ronda los 1.000 dólares la tonelada, mientras que el valor del trigo se ubica cerca de los 230 dólares, muy lejos de los 350 dólares que valía en mayo de 2022, última vez que el fertilizante alcanzó ese nivel de precio.
El resultado es una ecuación que en muchas zonas arroja números negativos y que llevará a una contracción del área sembrada de aproximadamente 500.000 hectáreas respecto a la campaña anterior, según el primer pronóstico de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario.


Los números de la proyección
El informe elaborado por Cristián Russo, jefe de estimaciones agrícolas de la BCR y líder de la GEA, proyecta una superficie de 6,6 millones de hectáreas para el ciclo 2026/27, lo que representa una caída del 7% interanual. Si bien ese número sigue estando muy por encima del promedio histórico de las últimas décadas y representaría la quinta mayor área en 17 años, el contraste con la temporada récord que acaba de cerrarse es inevitable.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires coincide en el diagnóstico general aunque con una estimación levemente más optimista de 6,5 millones de hectáreas, unas 200.000 hectáreas menos que el ciclo anterior. Lo que ambas entidades comparten es la certeza de que el principal obstáculo no es climático sino económico, y que esa restricción no solo achicará el área sino también los niveles de fertilización, con un impacto directo y previsible sobre los rendimientos finales.
La pampa, entre los afectados
El recorte no se distribuirá de manera uniforme en todo el país. Las zonas más golpeadas serán aquellas donde la fertilización nitrogenada es indispensable para alcanzar altos rendimientos, es decir, las regiones más productivas del corazón agrícola argentino. En la región núcleo se espera una disminución del 17% en el área triguera, equivalente a unas 300.000 hectáreas menos. En Entre Ríos la caída proyectada es del 18%, con una reducción de 130.000 hectáreas.
En el centro este de Buenos Aires se anticipan recortes de hasta el 30%, y en el sudeste bonaerense, el gran bastión triguero del país, los técnicos señalan una caída del 20% frente al avance de cultivos alternativos como la cebada forrajera, la colza y la carinata. Para La Pampa, el pronóstico indica una caída de entre el 10% y el 15%, con la ganadería y los forrajes disputándole superficie al trigo en un contexto donde los márgenes ajustados invitan a buscar alternativas menos dependientes de la fertilización.
El norte, la excepción
En el otro extremo del mapa, el norte del país presenta un panorama radicalmente distinto. En provincias como Chaco y Santiago del Estero se espera una fuerte suba en el área triguera, impulsada por una lógica completamente diferente: en esas zonas el trigo se produce prácticamente sin fertilización, apuntando a rindes bajos pero con márgenes que resultan viables dado el contexto actual.
Las abundantes reservas de agua, especialmente en Santiago del Estero, y el miedo a la chicharrita y al gusano cogollero en el maíz, sumado a los altos costos de flete que condicionan la siembra maicera, empujan a los productores del norte a apostar fuerte por el trigo como pivote de la rotación con gramíneas en la próxima campaña.
El horizonte productivo: 10 millones de toneladas menos
Las implicancias de esta combinación de menor área y menor fertilización son significativas a nivel nacional. Tomando como referencia un rendimiento promedio de 29 quintales por hectárea y descontando unas 250.000 hectáreas como no cosechadas, la proyección productiva para la campaña 2026/27 se ubica en un rango de entre 18 y 19 millones de toneladas, es decir, unos 10 millones de toneladas menos que la cosecha récord de la temporada que acaba de cerrarse.
Un retroceso que, aunque esperado a la luz de los costos actuales, no deja de ser una señal de alerta para un sector que necesita previsibilidad y rentabilidad para seguir apostando a la producción.






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