


La directora se cansó y puso órden: ¿quién protege a los educadores?
InfoTec 4.0






EDUCACIÓN | Un video grabado en el interior de una escuela secundaria de la provincia de Río Negro se volvió viral en las últimas horas y reabrió un debate que, en el ámbito educativo, nadie se anima a cerrar. En las imágenes se ve a la directora del establecimiento llamándole severamente la atención a un grupo de alumnos ante reiterados episodios de indisciplina. El tono es firme, el enojo es visible, y la reacción de las redes fue inmediata: miles de usuarios la aplaudieron.
Y no es para menos. Lo que hizo esta directora es exactamente lo que muchos docentes quisieran poder hacer pero no hacen, no porque no quieran, sino porque tienen miedo. Miedo a las sanciones, miedo a los sumarios, miedo a un sistema que en demasiadas ocasiones termina protegiendo al alumno que agrede y desprotegiendo al docente que intenta poner orden.


Esta realidad no es exclusiva de Río Negro. En La Pampa, y en gran parte del país, los educadores enfrentan a diario situaciones de indisciplina, falta de respeto y conductas que en otro contexto serían inaceptables, pero dentro del aula quedan impunes. Los ministerios de Educación, lejos de respaldar a quienes están en el frente de batalla pedagógico, han construido un andamiaje normativo que muchas veces funciona como un escudo para el alumno conflictivo y como una trampa para el docente que se atreve a corregirlo.
El resultado es previsible y devastador: docentes que miran para otro lado, que prefieren no intervenir, que eligen el silencio ante la provocación para no arriesgar su cargo. Y cuando el educador se autocensura, la calidad educativa cae en picada. No porque los docentes no sepan enseñar, sino porque no pueden hacerlo en un ambiente de caos y sin el respaldo institucional que necesitan.
A esta situación se suma otro factor que pocos se atreven a señalar con nombre y apellido: el rol de algunos padres y familiares que, lejos de acompañar a la institución escolar, aprovechan cualquier conflicto para presionar, amenazar y obtener beneficios. Calificaciones cuestionadas, sanciones revertidas, docentes intimidados. El colegio, que debería ser un espacio de formación y normas claras, se convierte así en un terreno de disputas donde el educador parte en desventaja.
Por eso, el video de la directora de Río Negro no debería leerse solamente como un episodio viral. Es el síntoma de algo mucho más profundo: una crisis de autoridad escolar que los ministerios de Educación han alimentado durante años con regulaciones que desdibujan roles, relativizan consecuencias y dejan a los docentes solos frente a situaciones que los superan institucionalmente.
Recuperar la autoridad del educador no es volver a prácticas autoritarias del pasado. Es garantizar que quien tiene la responsabilidad de enseñar también tenga las herramientas, el respaldo y la protección necesaria para hacerlo. Sin eso, cualquier debate sobre calidad educativa es pura ilusión.













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