


Paz en Medio Oriente bajaría el precio de la energía, pero no alcanza para reponer inventarios
InfoTec 4.0






MEDIO ORIENTE | El ingeniero Roberto Carnicer sostiene que una reducción del riesgo geopolítico retiraría lo que los mercados llaman "la prima de pánico", ese componente del precio que responde al miedo y no a la disponibilidad real de energía. Sin embargo, marca con claridad el límite de ese alivio: la paz puede retirar esa prima, pero no llena automáticamente los tanques, no repone inventarios, no normaliza contratos ni devuelve de un día para otro la confianza de los operadores logísticos del mercado internacional.
El petróleo crudo sería el primero en reaccionar ante una solución diplomática creíble. Carnicer estima que el precio de referencia Brent podría descender desde el rango de entre 105 y 120 dólares por barril, correspondiente al escenario de restricción del estrecho de Ormuz, hasta una banda más cercana a los 80 y 90 dólares. Aun así, la necesidad de recomponer existencias pondría un piso a esa caída: la paz baja el riesgo, pero el inventario agotado sostiene el precio.


En el caso del gas natural licuado, la corrección sería más lenta y gradual. Se trata del mercado más rígido de los tres analizados, condicionado por infraestructura compleja y contratos de largo plazo. Europa necesita abastecer sus almacenajes antes del invierno y Asia inicia su propia preparación para la temporada de mayor consumo, dos factores que mantendrían los precios por encima de los niveles previos al conflicto incluso ante un escenario de normalización política. Para el gas licuado de petróleo, el análisis ubica al mercado en una posición intermedia: la baja sería real pero desigual, con el propano corrigiendo más y el butano conservando una prima por demanda residencial y recomposición de inventarios asiáticos.
Carnicer identifica además una oportunidad estratégica para la Argentina en este contexto. La crisis demostró que la seguridad de suministro tiene valor económico concreto: los compradores internacionales no solo miran el precio sino también el origen, el riesgo geopolítico, la confiabilidad contractual y la continuidad operativa. En ese marco, el potencial de Vaca Muerta como fuente de diversificación del abastecimiento global cobra una relevancia particular, aunque el especialista advierte que ese desarrollo dependerá de inversiones en infraestructura, almacenamiento, puertos y credibilidad exportadora.
La conclusión del análisis es contundente: en energía, la paz no siempre significa precios bajos. Muchas veces significa precios menos extremos, pero todavía condicionados por la memoria física de la crisis: tanques vaciados, contratos tensionados y compradores que aprendieron que la seguridad de suministro también tiene un costo.












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