


De vender shampoo en la vereda a facturar en toda la Argentina: la historia de Roberto Nicolás
InfoTec 4.0






GENERAL PICO | Roberto Nicolás nació hace 54 años en General Pico y, según contó, "no la pasó fácil" desde chico. Es el mayor de cuatro hermanos y su padre, que tenía una cochería en la ciudad, falleció cuando él tenía apenas ocho o nueve años, tras un accidente automovilístico en el que el propio Roberto viajaba junto a él.
Desde entonces, su madre, René, quedó a cargo de los cuatro hijos. "Nos crio como madre, como padre, y yo, al ser el hijo mayor, creo que también me tomé parte de ser el padre de lo que le faltaba a mis hermanos", relató. Esa responsabilidad temprana se tradujo, según contó, en una relación con el trabajo que empezó de manera casi natural desde la niñez. Con siete u ocho años, mientras cursaba los primeros grados de la primaria, armaba paquetes de galletitas en un supermercado de la esquina de su casa, en pleno centro piquense.


"Todas esas cosas que antes no eran explotación infantil ni costo. Lo hacía porque me gustaba, porque iba a comer ahí, porque tenía trato con la gente", explicó. Con el deporte no tuvo la misma suerte: probó básquet y fútbol sin destacarse, aunque sí encontró una pasión en el automovilismo, actividad en la que llegó a competir en categorías zonales y nacionales de cross country. Ya en la escuela secundaria, en el Colegio Industrial de General Pico, Roberto combinó los estudios con changas y pequeños negocios: viajaba a Buenos Aires para comprar ropa y revenderla en su ciudad, vendía shampoo en farmacias y despensas, y hasta viajaba colado en trenes para no pagar el pasaje.
"Siempre me las rebusqué bastante. No me gustaba estudiar. Era una persona que andaba mucho en la calle, viendo qué surgía", recordó. De hecho, el secundario recién lo terminó formalmente varios años después de egresar, cuando decidió rendir la última materia que le quedaba pendiente, como una deuda con su madre.
El germen de lo que hoy es Aisplac apareció en esos últimos años del secundario, cuando un profesor de instalaciones, el ingeniero Álvarez, propuso a sus alumnos aprender el oficio de gas, agua y cielorrasos en un taller libre. Roberto se sumó junto a un amigo, Raúl Baigorri, y encontró en la colocación de cielorrasos desmontables una actividad novedosa para la época, cuando en la región solo se conocían los cielorrasos de machimbre o de yeso tradicional.
Con apenas 17 o 18 años, viajó a Buenos Aires a pedir la representación de una fábrica para poder comercializar el producto, financiado con cheques que le firmó su madre. La primera obra importante la consiguió gracias a un contacto de sus abuelos, oriundos de la localidad de Ingeniero Luiggi. El crecimiento del negocio, según remarcó, se apoyó siempre en un mismo principio: cumplir la palabra dada. "Cuando le cumplís a la gente y no pedís plata adelantada, ahí es donde se concreta todo. No tenés ni que hacer publicidad, se va haciendo sola", explicó.
De esa manera, lo que empezó siendo un emprendimiento personal fue expandiéndose primero por General Pico y luego por localidades como Realicó y Huinca Renancó, hasta convertirse en una empresa familiar cuando sus hermanos mellizos, Francisco y Fernando, se sumaron al negocio al terminar sus estudios secundarios. Con el tiempo llegaron a tener obras en Salta, Bariloche y prácticamente en todo el país, siempre a partir del boca en boca.
En los primeros años se trasladaban en una camioneta Peugeot y más tarde en un colectivo Mercedes-Benz 1114 adaptado, que usaban como transporte, depósito y hasta como lugar para dormir durante las obras más alejadas. A medida que la empresa crecía, Roberto fue incorporando nuevos productos ante cada cambio de mercado: primero el poliuretano, tras un viaje a Río Negro para conocer esa tecnología; después las placas de yeso, de la mano de la marca Knauf; y más adelante los paneles de PVC, que en un principio ofrecieron a empresas constructoras como alternativa a los cielorrasos de madera.
La adopción fue meteórica: de veinte casas piloto pasaron a doscientas al año siguiente, y pronto barrios enteros comenzaron a construirse con este material. Ante la negativa de sus proveedores porteños de instalar una planta extrusora en la región, Roberto decidió comprar sus propias máquinas en China, en un proceso que describió como una verdadera odisea de aprendizaje, con maquinaria obsoleta, materiales sin salida y meses de pruebas hasta encontrar la fórmula correcta.
Hoy, la planta de Aisplac en la Zona Franca de General Pico tiene capacidad para producir 2.500 metros diarios de PVC, con una flota propia de camiones que distribuye a todo el país, desde Misiones y Salta hasta Entre Ríos y Buenos Aires, e incluso, en algún momento, hasta Bolivia. El empresario remarcó en varias oportunidades el valor estratégico de operar dentro de la Zona Franca de General Pico, que permite importar productos usados sin nacionalizarlos hasta que sean utilizados, además de nacionalizar mercadería de manera parcial a medida que se retira del depósito.
Esa estructura, sumada a un despachante de aduana propio, le permitió a Aisplac diversificarse hacia la importación de placas símil mármol, símil espejo y revestimientos de PVC desde China, país al que Roberto viaja regularmente desde hace una década para relevar nuevas tecnologías y proveedores. "China es una locura, me encanta. Me gusta la cultura, el respeto, y cómo la vi avanzar de la primera vez que fui a lo que es ahora", contó, y remarcó la velocidad y sofisticación de la maquinaria que observa en cada visita, muy superior a la disponible en la Argentina.
En los últimos años, la empresa avanzó también sobre la construcción modular, primero a partir de contenedores portuarios reciclados y, más recientemente, con módulos de fabricación propia de 3 por 6 metros, pensados como una solución habitacional accesible que puede ampliarse con el tiempo. Según explicó, la idea busca dar respuesta a la falta de vivienda y de oportunidades para que la gente acceda a un lugar propio, con precios que arrancan desde los 4.000 dólares.
Para eso, la empresa puso en marcha una planta de 6.000 metros cuadrados que perteneció a la ex Sidertec y que llevaba quince años parada, además de otro predio en el Parque Industrial de General Pico con una historia similar. "Darle movimiento a Pico a plantas que estaban paradas desde la época linda del Pico industrial es un orgullo", afirmó. Consultado sobre por qué no trasladó la empresa a un polo logístico más favorable como Buenos Aires, Rosario o Córdoba, Roberto fue tajante: "Soy de Pico, quiero dar trabajo en Pico. No me gustan las cosas fáciles".
En ese sentido, remarcó su preocupación por la falta de formación profesional disponible para oficios como gasista, plomero, electricista o soldador, un déficit que, según entiende, afecta a toda la región y que la empresa intentó suplir dictando cursos gratuitos de electricidad y construcción en seco en sus propias instalaciones, además de un convenio con la Escuela Industrial de General Pico para que los estudiantes practiquen instalaciones dentro de un módulo cedido por Aisplac.
El empresario lamentó, sin embargo, que un proyecto más ambicioso para ceder parte del predio de la ex Sidertec y montar allí una escuela de formación profesional no haya prosperado por trabas de gestión pública. Sobre el presente de General Pico, Roberto fue crítico con la falta de industria y de infraestructura básica, como la conectividad de internet y el suministro eléctrico, y cuestionó la idea de desarrollar un nuevo parque industrial en lugar de optimizar los predios y galpones que ya existen y están ociosos.
Comparó la situación de la ciudad con el crecimiento de localidades vecinas como Realicó, Quemú Quemú o Trenque Lauquen, y remarcó la importancia de que los empresarios de la región trabajen de manera más asociada, tal como ocurrió, según relató, en ocasión de las inundaciones del norte pampeano o de los incendios de Bariloche, cuando distintas empresas locales aportaron camiones, combustible y materiales de manera conjunta y espontánea.
En el plano personal, Roberto habló también de su esposa, Evangelina, con quien está en pareja desde hace 35 años, y de sus tres hijos, dos de los cuales estudian actualmente en España: Candela, ya recibida en administración de empresas, y Santiago, próximo a completar la carrera de arquitectura, mientras que Román, el menor, se dedica al mundo del karting.
El empresario reconoció con honestidad el costo familiar de tantos años de viajes y trabajo constante, y admitió sentir cierta deuda por no haber estado siempre presente en los momentos importantes de sus hijos. "Tendría que haberme hecho los tiempos para las dos cosas", reflexionó, aunque remarcó el orgullo que siente por el camino que están construyendo cada uno de ellos.
Sobre si se considera una persona exitosa, Roberto fue claro: "Nunca pensé que iba a estar donde estoy, sin tener siquiera un título secundario a tiempo. Pero fui muy perseverante y me gusta lo que hago, no lo veo como un esfuerzo sino como un hobby". Para él, el verdadero éxito pasa por no haber cambiado, por seguir juntándose todos los viernes con los mismos amigos de toda la vida y por conservar durante décadas a gran parte del personal que trabajó en la empresa.
También remarcó como un logro personal competir de igual a igual con grandes fábricas de Buenos Aires y con proveedores internacionales como Knauf, desde una ciudad del interior pampeano. El empresario cerró la entrevista con una reflexión sobre la responsabilidad como valor central de cualquier actividad, más allá del rubro: "Lo fundamental es poner la cara. Si le decís a un cliente que vas a ir tal día, tenés que ir. Y si no podés, lo llamás y se lo decís".
Entre anécdotas de sus viajes por el mundo, como haber hecho dedo desde muy joven hasta Río Negro o haberse cruzado por casualidad, viajando en un camión, con el dueño de una de las fábricas más importantes de la Argentina, Roberto remarcó que ese espíritu de esfuerzo y cercanía con la gente es, en definitiva, la base sobre la que construyó Aisplac desde General Pico.













Denuncian que una petrolera sancionada por operar en Malvinas accedió al RIGI

URGENTE: Realicó ya tiene disponible el segundo padrón provisorio del IPAV

¿Justo hoy?: el Gobierno pampeano salió a destacar el trabajo de Niñez en otro caso


Viara sobre el caso del bebé de Rancul: "La burocracia tiene que dar un paso al costado"

"Es una represalia": la diputada Sandra Fonseca cuestionó el traslado de la jueza Loscertales











