Ingeniero agrónomo Diego Oliva: "volar es sencillo; pulverizar, no"
REALICÓ | El procedimiento consistió en evaluar un sistema de aplicación y antideriva de última generación, diseñado para operar en condiciones climáticas complejas como las que caracterizan a La Pampa, donde el viento suele ser un factor crítico.
“Se trata de un equipamiento extranjero específico para trabajar en escenarios complicados. La empresa lo incorporó y ahora debemos conocer cómo responde en nuestra climatología”, explicó Oliva.
Optimización, calidad y menor impacto
La firma realiquense avanza en un proceso de mejora continua que apunta a elevar la precisión, reducir el uso de agua y minimizar los riesgos de deriva.
“Muchas empresas priorizan la rentabilidad antes que la eficiencia. En este caso, Trombetta Aviación Agrícola decidió apostar por tecnología de calidad para trabajar con mayor certeza y menores riesgos”, destacó.
El debate legislativo y los errores conceptuales
Consultado sobre los marcos regulatorios en el país, Oliva remarcó que el problema central es conceptual: “Se legisla pensando en distancia y no en proceso. Una aplicación mal hecha puede provocar deriva a cualquier distancia. Con buena tecnología, buen clima y procesos adecuados, el riesgo disminuye notablemente”.
También explicó que el uso de fitosanitarios está condicionado por una matriz ambiental donde intervienen distintos intereses y presiones locales, lo que deriva en legislaciones dispares y difíciles de unificar.
Tres líneas de avance en los productos
Según Oliva, las empresas desarrolladoras avanzan simultáneamente en:
Productos más específicos para cada situación.
Bajas dosis de uso, que reducen impactos ante errores.
Formulaciones biológicas o de síntesis biológica, que crecen año a año.
El boom de los drones y sus desafíos reales
Sobre el crecimiento del mercado de drones, Oliva fue claro: volar es sencillo; pulverizar, no. “El drone tiene muy resuelto el vuelo, pero no la eficiencia de aplicación. Pulveriza siempre con gotas finas o muy finas, y eso exige un operador altamente entrenado, que entienda química, meteorología y dinámica del flujo bajo rotores”, detalló.
En su análisis, el principal desafío no es el equipo sino la capacitación del personal: “El riesgo no está en el drone, sino en quién lo opera”.