
El Banco Central pudo comprar más de USD 1.000 millones en el primer mes del año.


El índice de marzo dio encima de lo esperado, con el agravante de que productos de canasta básica subieron más que el promedio. Hay pronósticos negativos.
Economía16/04/2020
InfoTec 4.0








Como suele suceder en la historia económica argentina reciente, los procesos de desaceleración inflacionaria duran poco. Esta vez se extendió apenas tres meses. Otra vez, con el agravante de que los alimentos se encarecen por encima del promedio. Lo cierto es que el 3,3% de marzo -informado ayer miércoles por el Indec- marcó el final de un corto hilo de retrocesos mensuales en el índice de inflación.
El dato de marzo sorprendió al equipo económico. Si bien se había detectado una ola remarcatoria en las últimas dos semanas, ninguno de los ejercicios pegaban ni siquiera de cerca con lo que finalmente resultó.
Febrero había asomado con "tan sólo" el 2% de inflación, lo que había alimentado entusiasmo en las filas oficialistas. Ese número sucedía al 2,3% de enero. Y si bien ya se descontaba un repunte de los precios en marzo -por una lógica cuestión estacional en el inicio del ciclo lectivo- la explosión de la pandemia modificó el escenario.
Desde el punto de vista de la dinámica inflacionaria, la llegada del Covid-19 no hace más que impactar en el peor lugar: los precios de los alimentos.
Pone a la Argentina en el "peor de los mundos": con la actividad económica cayendo de forma vertical por la obligación de la cuarentena y un encarecimiento de la comida justo en momentos en que gran parte de la población pierde ingresos, ya sea porque se queda sin trabajo, porque es suspendida o porque le recortan los salarios.
La suba de los alimentos y bebidas resultó del 3,9%, un número que no luce exacerbado si se toma en cuenta la historia reciente, pero que en verdad esconde un golpe para los bolsillos. En el primer trimestre del año, alimentos y bebidas no alcohólicas ya acumulan un incremento de 11,7%.
Incluso, el Indec midió que si sólo se toma en cuenta al rubro "Alimentos", el alza fue de 4,1% en GBA.
Dentro del rubro alimenticio, las principales alzas fueron en "Verduras" (+12,9%); Carnes (+4,3%) y Frutas (+4,1%).
La presión de una demanda excepcional
La fuerte suba de los precios de los alimentos se dio a pesar del control impuesto por el Gobierno, y que obligó a los supermercados, mayoristas y almacenes de barrio a retrotraer los valores al día 6 del mes pasado.
En los controles que había lanzado la Secretaría de Comercio Interior se habían detectado graves incumplimientos en esa obligación. Al comienzo de la cuarentena, el ciento por ciento de esas verificaciones por parte de los inspectores oficiales habían arrojado variaciones en los precios por arriba de lo pactado.
En su momento, el Gobierno permitió a los comercios seguir trabajando a pesar de las fallas, con el objetivo de que no se achicara la oferta de productos en plena cuarentena.
Pero ahora el Indec fue el que reveló que, a pesar de lo firmado, los comercios vendieron más caro. Lo cual retrotrae el clásico debate sobre la eficacia de este tipo de controles cuando hay otros factores que empujan la aceleración de los precios.
Lo cierto es que el fenómeno de las remarcacioness en el rubro alimentos choca de frente contra una de las consignas enunciadas por Alberto Fernández: que la contención de precios en productos de la canasta básica estaría en el centro de la política gubernamental.
Desde el punto de vista del funcionamiento del mercado, la situación es entendible: de acuerdo a las consultoras que miden el consumo masivo, los supermercados tuvieron su "veranito", justamente, al final del período estival.
De acuerdo a la consultora Scentia -que maneja Osvaldo del Río-, las cadenas de supermercados vendieron durante marzo nada menos que un 23,3% por encima al mismo mes de 2019.
Para la consultora Nielsen -también especializada en estos registros-, las ventas en volumen de esos comercios crecieron 25 por ciento.
Está claro que no se trató de un fenómeno propio de una fenomenal redistribución de los ingresos sino más bien de un fenómeno puntual: los consumidores, a lo largo del mes pasado, se agolparon en las góndolas en busca de productos de primera necesidad, ante el temor de que, en medio de la cuarentena, hubiera desabastecimiento.
Lo más preocupante es que este salto no se quedará acá. Existen sobradas razones para suponer que la inflación continuará con una tendencia alcista en los próximos meses. Esa expectativa es compartida por las principales consultoras de la City.
Hay fundamentos para trazar esa línea alcista:
La fuerte emisión monetaria que seguramente hará el Banco Central en los próximos meses, y que ya se inició el mes pasado. Desde marzo, la emisión de pesos superó los $700.000 millones. A grandes trazos, la mitad se explicó por el desarme de Leliq, con el objetivo de que los bancos presten a las Pymes a una tasa de interés del 24% anual. La otra mitad fueron pesos emitidos por la Casa de Moneda para financiar el creciente déficit fiscal, en medio del parate de la actividad y la caída vertical de la recaudación.
No existen estimaciones oficiales sobre la posible emisión monetaria, pero está claro que seguirá en aumento. Algunos borradores hechos por respetadas consultoras privadas hablan que en este segundo trimestre podría alcanzar el billón de pesos. Y que el año finalizaría con un incremento de la base monetaria del 150 por ciento.
En este contexto, la brecha entre el dólar oficial y los dólares "alternativos" (Dólar Bolsa y Dólar Contado con Liqui) seguirá ensanchándose. El Gobierno ya salió a dar su versión: que esa diferencia no tiene por qué empujar los precios. Sin embargo, la historia reciente -sin llegar al extremo de Alfonso Prat Gay y de Carlos Melconian de que los precios internos toman como referencia al dólar paralelo- marca que una ampliación de la brecha presiona sobre el tipo de cambio y sobre algunos costos de las empresas. Y, por lo tanto, de la inflación futura.
¿Existe riesgo de una aceleración inflacionaria repentina por culpa de la mayor emisión monetaria?
En su último reporte, el economista Emmanuel Álvarez Agis, dice: "Que no existe una relación directa y estable entre la base monetaria y los precios es una realidad que no debería requerir de mayor explicación luego de la dinámica 2016-2018 y en particular a posteriori del plan de "emisión cero" que implementó la última gestión del BCRA de la mano del FMI".
Eso sí. Para imaginar el futuro en materia inflacionaria, la negociación de la deuda no puede quedar afuera de los análisis.
"En un escenario de incertidumbre cambiaria como el actual, eso generó durante la última semana cierta presión sobre los tipos de cambio paralelos y podría transformarse en un problema si no se resuelve la negociación de la deuda externa", suscribe Álvarez Agis.
Un arreglo con los acreedores arrimaría confianza sobre el camino de la macroeconomía. Por el contrario, si la Argentina cayera en default, la desconfianza escalaría -no sólo en Wall Street- sino también en internamente. Esa historia está por escribirse a partir de esta misma tarde.

Por Claudio Zlotnik





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