VISITA A SANTA ROMANA: LA "BASE MILITAR" DE UN COLECCIONISTA PRIVADO EN SAN LUIS

Notas de Color 12 de mayo de 2020 Por Gastón Javier García Loperena
“Autopista de las Serranías Puntanas” (en criollo, Ruta Nacional 7), con rumbo oeste hacia la tierra del sol y del buen vino. A la altura del kilómetro 670, entre Justo Daract y Villa Mercedes, sobre nuestra misma mano, se encuentra la entrada de una estancia. Prolija y sobria, pareciera una como tantas. Si bien inicialmente fue concebida como una explotación ganadera, esta no es una más: es “Santa Romana”, una estancia “museo, reserva y lodge”. Dos tranqueras y una avenida de árboles que dan la bienvenida, no darían pistas de lo que atesora en sus 1.800 hectáreas.
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Por Gastón Javier García Loperena
Historiador y autor de los libros Unimog y Clase G. 

Era abril de 2019 y su dueño, el empresario mendocino Emilio Luis Magnaghi, nos había invitado como miembros de un aeroclub, a conocer su magnífico “lugar en el mundo”. A lo largo de ese otoñal día, irían arribando decenas de aviones particulares a sus instalaciones. Por aire o por tierra, lo importante era llegar. Sin embargo, el complejo no está abierto al público general, salvo a instituciones educativas o científicas, o para acontecimientos especiales como el de ese día.

A unos metros de la entrada, nos encontramos con el casco, que aloja al museo de modelos a escala, el “lodge” y la “Estación Central Santa Romana”, de donde parte un tendido de vías de trocha ancha que atraviesa gran parte de la propiedad.

Pasado el casco, recorremos algunos kilómetros por un camino de huella, en el cual no es extraño cruzarnos algún puma, gato montés, llamas, ciervos colorados o incluso búfalos sudafricanos o antílopes de la India.

A lo lejos, comenzamos a divisar el sector del aeródromo, cuya torre de control sobresale, majestuosa, del monte nativo de centenarios caldenes, chañares y algarrobos. Nos recibe un imponente hangar y una pista consolidada de 1.800 metros de longitud y 24 metros de ancho, orientada de Norte a Sur bajo los grados 010-190. El museo aquí presente tiene hangaradas aeronaves de diferentes épocas y clases. Hay de todo y para todos los gustos.

Poco más allá, se encuentra la “barraca militar” dentro de un viejo galpón de ferrocarril de los años 20. En su interior, un buen número de vehículos del Ejército Argentino dan la sensación de que estuviéramos dentro del perímetro de una unidad militar, en la “zona del parque”.

El numeroso material histórico fue mayormente adquirido por su propietario y otra parte fue cedida por el Estado Nacional en calidad de comodato. Cabe preguntarse cuál hubiera sido el destino de mucho de este material, de no haber sido preservado aquí: chatarra, exportación a algún acaudalado coleccionista foráneo o materia prima de las Ollas Essen.

¿Un mini “Disney” para grandes (y no tanto) en San Luis? ¿Por qué no? Si, al fin y al cabo, la diferencia entre un niño y un adulto es el tamaño de sus juguetes.

G.J.G.L.
* Aclaración: Nota producida antes de la Cuarentena decretada por el Gobierno argentino.

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La Estancia Santa Romana se encuentra en San Luis, sobre la Ruta Nacional 7.

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Este parque no lo diseñó Carlos Thays: un Piper Azteca sobre pedestal y algunos de los más de 70 vagones y locomotoras que componen el material ferroviario.

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Interior del museo de modelos y dioramas: “Si los prefieren en escala 1:1, por favor diríjanse al sector del Aeródromo”.

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El “Aeródromo” más bien parece el aeropuerto de una ciudad pequeña.

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FMA IA-58 Pucará, turbohélice de ataque a tierra, diseñado para la “lucha antiguerrilla”.

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Dos Grumman: un S-2 Tracker (antisubmarino de tipo embarcado) y un OV-1 Mohawk de observación y ataque ligero.

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El polivalente helicóptero Bell UH-1H y un North American T-28 Trojan (entrenador militar de motor “pistonero”).

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El “Delta” supersónico más emblemático: caza interceptor Dassault Mirage III.

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Sikorsky SH-3 Sea King, reconvertido en microcine.

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¿Colado? A la par de sus parientes militares (Mirage y A-4), un clásico y civil Cessna 182 Skylane, uno de los monomotores más populares desde hace décadas.

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 ¡Ah! ¿Pero esto no era Aviónblog? Pasemos a las ruedas entonces (y a las orugas). Ingresemos a la “Barraca Militar”.

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Father and Son: “Jeepon” Dodge M37B1 y AM General M151A2: no, no es un verdadero “jeep”, no tiene chasis (es monocasco). Y sí, el esquema mimético (camuflaje) es un tanto particular: nunca fue empleado en vehículos del Ejército Argentino.

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Insustituible: un venerable Mercedes-Benz Unimog 416. En este caso, en versión sanitaria. No podía faltar.

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Semioruga blindado International Harvester M5 de 1943. Unos 400 recibidos entre 1946 y 1947, todos usados y desde Europa. Continuaron en servicio en el Ejército Argentino hasta bien entrada la década del 90. Habían sido repotenciados con motor diesel Fiat CP3 en 1978 (originalmente eran nafteros de 6 cilindros en línea). El Ejército Argentino todavía cuenta con unos 30 en depósito y en excelente estado.

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Duelo de camaradas: confiado de sus extraordinarias capacidades, el Unimog pareciera decirle al Reo, que lo observa con gesto algo intimidatorio: “A pesar de tu tracción 6×6, mi menor peso y tracción 4×4 con grandes recorridos de suspensión y bloqueo de diferenciales, me permite llegar a dónde vos ni soñarías”.

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Simpática expresión: anfibio blindado a rueda Mowag Grenadier.

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Entre dos Sherman M4 repotenciados (el Ejército Argentino les instaló motores V8 diésel Poyaud franceses entre 1978 y 1979 en reemplazo de los nafteros originales) uno de los prototipos del VAE (Vehículo Anfibio de Exploración).

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Un paisano diría que la “interperie y algún matrero achuraron este yí”. Este olvidado Jeep es en realidad una ambulancia de campaña Kaiser M170 ex Ejército Argentino (21 unidades 0 km recibidas de USA entre 1966 y 1967). El Chevrolet “guerrero canadiense” de 1945 a su lado (fueron producidos conjuntamente con Ford con algunas diferencias en ejes y motor, 6 cilindros en línea el Chevrolet, 8 “en V” el Ford), también duerme el sueño de los justos.

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“¡Bienvenidos al tren!” (Sui Generis dixit).

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Gastón Javier García Loperena (autor de la nota, izquierda), junto a Emilio Luis Magnaghi, propietario de la estancia y museo Santa Romana. Más información: www.santaromana.com

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