
A diferencia del calendario occidental, basado en el movimiento del Sol, el calendario chino se rige por un sistema lunisolar, por lo que su comienzo varía cada año entre fines de enero y mediados de febrero.
El sistema zodiacal chino está compuesto por doce animales que se repiten en ciclos de doce años —Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro y Cerdo— y cada uno se combina con cinco elementos (madera, fuego, tierra, metal y agua), conformando un ciclo mayor de 60 años. En este 2026, el Caballo se presenta bajo el elemento fuego, lo que potencia sus rasgos tradicionales y marca un período asociado a la energía, la iniciativa y la búsqueda de independencia.
En la simbología china, el Caballo representa libertad, pasión y movimiento. Se lo vincula con la elegancia, la inteligencia práctica y la capacidad de avanzar con rapidez hacia los objetivos. Al sumarse el elemento fuego, estas cualidades se intensifican: el fuego aporta creatividad, entusiasmo y una fuerte impronta transformadora. También se asocia con la visibilidad —“una luz que revela lo oculto”— y con la ruptura de ataduras del pasado, favoreciendo decisiones audaces y cambios profundos.
La expresión tradicional que acompaña este ciclo es “mǎ dào chéng gōng”, que puede traducirse como “éxito inmediato”, una frase que refleja la impronta veloz y resolutiva del Caballo. Sin embargo, dentro de la filosofía oriental también se advierte sobre la necesidad de equilibrio: la misma intensidad que impulsa el crecimiento puede derivar en desgaste si no se administra con prudencia.
El nuevo ciclo deja atrás el año de la Serpiente, un signo asociado a la introspección, la estrategia y la sabiduría silenciosa. En la tradición china, la Serpiente simboliza análisis, intuición y movimientos calculados, características que suelen marcar etapas de reflexión y planificación antes de grandes transformaciones. El paso al Caballo de Fuego implica, entonces, un cambio de ritmo: de la observación cautelosa a la acción decidida.
Con más de cuatro milenios de historia, el calendario chino continúa siendo una referencia cultural y espiritual para millones de personas en Asia y en distintas comunidades del mundo. Más allá de los rituales y celebraciones, cada cambio de signo es interpretado como un nuevo marco simbólico para comprender el tiempo, proyectar metas y resignificar los desafíos del año que comienza.












































