Con tensiones internas los nombres son siempre los mismos en el PJ bonaerense
BUENOS AIRES | La negociación es delicada y se lleva adelante bajo la mirada atenta de los mismos de siempre: Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, quienes forman el núcleo de conducción política. “Todavía no está nada cerrado. Vamos avanzando bien, pero despacio”, admiten en la mesa política que define el armado de listas en los distritos.
Uno de los principales desafíos es cómo garantizar representación para todas las tribus internas, especialmente en municipios sin intendentes propios o donde existen disputas locales irresueltas. La comisión encargada del armado incluye a dirigentes de peso como Facundo Tignanelli, Carlos Bianco, Gabriel Katopodis, Rubén Eslaiman y Sebastián Galmarini, quienes negocian casillero por casillero para evitar fracturas.
Sin embargo, el fantasma de las traiciones internas sobrevuela el cierre de listas. “La van a entregar a último momento por miedo a las traiciones”, reconocen dirigentes del espacio, que temen que quienes queden afuera migren hacia fuerzas rivales o terminen jugando en solitario, debilitando el frente.
Uno de los casos más sensibles es el de Julio Zamora, intendente de Tigre, que se alejó del PJ para sumarse al espacio Somos Buenos Aires, con el que podría captar votos tanto del peronismo desencantado como del universo libertario. En la misma línea, preocupa la figura de Fernando Gray, jefe comunal de Esteban Echeverría, que aún no definió si competirá en la provincia o a nivel nacional y podría generar fisuras en la estratégica Tercera Sección Electoral.
Además de las fugas, persisten disputas dentro del propio armado, como ocurre en Morón, donde el intendente Lucas Ghi enfrenta una interna tensa con Martín Sabbatella de Nuevo Encuentro. Algo similar ocurre en Avellaneda, donde Jorge Ferraresi ya anunció su postulación como primer concejal, pero aún debe acomodar su relación con el kirchnerismo.
El escenario plantea que el mayor riesgo para el PJ no viene desde afuera, sino desde adentro. Las tensiones, egos, liderazgos territoriales y ambiciones sin resolver son el principal escollo que podría complicar el armado. Por eso, en estas horas, la prioridad de la conducción política no pasa por lanzar nombres ni campañas, sino por garantizar que nadie rompa filas en la recta final.