Un día del amigo distinto, la visita al piloto "Beto" Gallo
SAN LUIS | un grupo de amigos del piloto aeroaplicador, Norberto Ángel "Beto" Gallo, oriundo de Laboulaye, trágicamente desaparecido en 2019 en un accidente aéreo, decidieron ir a visitarlo y a rendirle los homenajes que se le rinden a un buen amigo en su día. José Luis Zoppi se lo había prometido y cumplió con creces, para ello contó con la complicidad de varios amigos más.
Recordemos que "Beto" Gallo inició su vuelo eterno el 27 de marzo de 2019, mientras realizaba un traslado hacia otra base, atravesando los macizos montañosos entre las altas cumbres cordobesas y la sierra de Las Quijadas, las sierras puntanas aledañas a la localidad de Las Chacras, un lugar distante, difícil de acceder y metido en la vegetación agreste, entre las piedras, ese fue el lugar elegido por Dios, para su aterrizaje final.
La dura caminata con la Cruz al hombro
Los amigos, guiados por Nacho Salazar (ex intendente de Las Chacras) y Bryan Pere, conocedores del lugar al que no se podría llegar sin baqueanos de la zona, fueron con algunos regalos para él, un trofeo ganado en su honor en una carrera por parte del amigo Rodolfo Isasi, una placa del aeroclub "y una Cruz simbolizando la certeza de que su alma, anda entre nosotros", dijeron los protagonistas de esta historia. Dicha cruz fue realizada por Luciano Quinteros.
En este punto Fernando Rasso señala que "fueron unos cuantos los caminantes que en recuerdo a él, iniciaron su recorrido, para que después de una larga hora y algo de agotadora travesía a pie, llegaran donde estaba su Weatherly", (el avión específico con su emblemático motor radial en el cual perdió la vida), "descansando. Allí entre algunas lagrimas y sonrisas de emoción, rezos y unas palabras, todos recordamos a "Beto", y a algún otro amigo que nos conmueve con su presencia eterna, después de contemplar en silencio y cruzar algunas palabras intentando explicaciones para aquel lejano día 27 de marzo de 2019, lentamente, empezamos el retorno".
Para luego agregar: "me di vuelta, y observé su sonrisa, me alegré porque vi que estaba en compañía de la Cruz, ya no gire mas mi cabeza, solo, en la delantera de la fila, empecé a tararear A Don Ata , 'yo no le canto a la luna, porque alumbra y nada mas, le canto porque ella sabe de mi largo caminar', ya caía la tarde y la luna fue apareciendo, tal vez para cuidarlo, o para acompañarlo en su lucha contra la meteorología adversa, que fue su único enemigo terrenal, que ya se hacia sentir a esa hora, me dije, 'valió la pena'", cerró su relato Rasso.
EL ACCIDENTE: